Tomar decisiones… ese reto diario al que te enfrentas y sientes que no logras alcanzar.
La vida está repleta de decisiones cada día. Pero tú te notas ineficaz en esta tarea.
Puede que se te den mejor unas decisiones que otras, pero en rasgos generales sientes que no es tu punto fuerte.
Hablemos de los motivos que hacen que tomar decisiones sea tan complicado y qué puedes empezar a hacer para remediarlo.
Por qué me cuesta tomar decisiones.
Los motivos pueden ser muchos, cada uno tiene los suyos. Pero vamos a intentar entender los más comunes.
Te aclaro que es posible que no te sientas identificado con ninguno de estos motivos, entonces habrá que buscar el tuyo. También puede que te identifiques con más de uno, casi nada en el mundo de la salud mental es por una sola causa.
No te has entrenado en la toma de decisiones.
Muchas veces el motivo es simplemente falta de entrenamiento.
Cada persona tiene su historia y a lo largo de ella se enfrenta a momentos en los que se pueden ir entrenando el tomar decisiones. Sin embargo, no todos hemos tenido la oportunidad de entrenarnos en ello.
Bien porque la situación era complicada o porque no tuviste adultos que te dieran el tiempo y la responsabilidad de tomar decisiones adecuadas a tu edad.
O bien porque tuviste que tomar decisiones tan complejas que tu cerebro se bloqueaba y no era capaz de hacer esa tarea.
Un motivo muy habitual por el que alguien adulto no se ve capaz de tomar decisiones tiene que ver con la falta de entrenamiento.
Miedo a equivocarse.
Claro que a todos nos da miedo equivocarnos, pero no a todos nos paraliza.
Hay personas que no pueden tomar decisiones porque cuando se ponen a evaluar las posibles consecuencias de la decisión tomada, tienen tanto miedo al error que se bloquean.
Y ya sé que sabes que eres un ser humano, que te puedes equivocar. Pero pensar en las consecuencias de las decisiones genera en ti una emoción tan intensa que solo quieres salir corriendo en dirección opuesta.
No confías en tu criterio.
Un problema al que se asocia mucho la toma de decisiones es la autoestima.
A veces confías tan poco en ti, que no te sientes capaz de tomar decisiones porque tu criterio no es bueno.
Si esto te pasa es posible que lo que hagas sea comprobar qué piensan los demás, qué decisión tomarían y te dejas guiar por criterios externos.
Esto puede ir muy unido al primer motivo: no confiaron en ti nunca y ahora tú no confías en ti. Puede que incluso recibieras muchas críticas en algún momento de tu vida por decisiones tomadas o ideas que tuviste.
También es posible que hayas aprendido a desconfiar de tu criterio por cosas que has vivido y que te han ido ocurriendo. La cuestión es que esa desconfianza te dificulta una tarea imprescindible para la vida.

Cómo aprender a tomar decisiones.
Para aprender a tomar decisiones puede ser de ayuda conocer el motivo. Aunque sin conocerlo también se puede empezar a hacer cosas que te ayuden a mejorar esta práctica.
Como te venía diciendo, estamos hablar de un entrenamiento. Y, como tal, tienes que entender que no vas a levantarte un día con la capacidad adquirida sin esfuerzo.
Las primeras veces vas a pasarlo mal, a sentir emociones desagradables. El objetivo es ir poco a poco sintiendo más comodidad a la hora de tomar decisiones.
Ponte un objetivo diario asequible.
Todos los días hay decisiones que puedes tomar.
Elige un área (relaciones, laboral, personal, etc) y una decisión que tomar cada día. O mejor aún, anota las decisiones que tomas cada día.
Hazlo aunque sean sencillas y parezca que no tiene mérito. El entrenamiento no tiene que empezar por algo complejo, lo sencillo también cuenta y te va preparando.
Tomar decisiones sin consultar a otros.
Para confiar en tu criterio, vas a tener que tomar decisiones sin asegurarte de lo que otros piensan al respecto.
Ya sé que te ayuda a sentir más seguridad y crees que eso facilita confiar en tu criterio y ganar autoestima, pero no es del todo cierto.
A corto plazo, esa estrategia parece que te calma. Pero a largo plazo te perjudica.
Funciona como un recordatorio constante de que tú no tienes la capacidad de tomar buenas decisiones, que siempre necesitarás a otros que te confirmen que estás en lo correcto.
Así que, aunque cueste, trata de decidir algo y no consultarlo, simplemente llevarlo a cabo. Y a ver qué pasa.
Equivócate, a pesar de las consecuencias.
Equivocarse forma parte de la vida. Así que si es algo que te aterra, empieza por ahí.
Esto también es cuestión de entrenamiento. Aprender a fallar, a cometer errores y tolerar las sensaciones que te genera.
Equivócate a propósito, falla en cosas pequeñas y ve aprendiendo que las consecuencias no son tan graves.
Así cuando tu cerebro analice todas las posibles consecuencias habidas y por haber de las decisiones que tomas o quieres tomar, ya has aprendido que fallar es una opción a la que te puede enfrentar.
Exigir a nadie la perfección absoluta es una forma de frustrar y agobiar a esa persona, también si lo haces contigo.
Así que si lo que te paraliza es el miedo a equivocarte, empieza por equivocarte.

Tomar decisiones.
Tomar decisiones es complejo y puede ser una limitación importante a nivel mental.
Si sientes que es algo que afecta a tu día a día y te limita en el desarrollo de tu vida y tranquilidad, recuerda que puedes iniciar un proceso de terapia con un profesional de la psicología.
El equipo de Serene está aquí para ayudarte.
Estás a tiempo de cambiar y mejorar tu situación.