Saber cómo empezar en un nuevo trabajo puede ser una tarea complicada a nivel emocional. Es normal sentir que tienes un poco de ansiedad o incluso no poder dormir bien la noche anterior.

El nuevo trabajo.

Tu nuevo puesto está ahí, a la vuelta de la esquina. Tienes que saber que es normal estar de los nervios e incluso sentirte más irritado que de costumbre.

Empezar un nuevo trabajo es un reto a nivel emocional y a nivel personal. Seguramente tengas miles de preguntas rondándote la cabeza: “¿cuál es la mejor forma de ir a la oficina? ¿A qué hora me levanto? ¿Cómo me visto? ¿Quiénes y cómo serán mis compañeros? ¿Será buena idea cambiarme de trabajo? “

Puede que estés leyendo esto días antes de empezar, antes de tomar la decisión de cambiarte o llevando unos días o semanas en el nuevo puesto. En cualquiera de las situaciones, estar un poco inquieto es de lo más adaptativo.

¿Por qué tengo ansiedad?

Cualquier cambio es un reto para ti y para todos. Por muy mal que pudieras estar en tu puesto de trabajo anterior (o actual), cambiarlo es renunciar a algunas cosas. Además, es lanzarte a una piscina de incertidumbre.

Los cambios suponen una salida de tu zona de confort laboral. Y esto, no es fácil en ninguno de los casos.

Seguramente que esta ansiedad se mezcle con algo de ilusión. Pero nadie se libra de emociones un tanto desagradables ante situaciones de este estilo.

En distintos momentos, sentirás cosas distintas.

Antes de irte de la empresa anterior.

Si estás en proceso de selección o ya te han comunicado que el puesto es tuyo, pero aún continúas en tu anterior empresa es normal que te sientas con cierta inseguridad respecto a la decisión que estás tomando.

Recuerda que tomar una decisión implica renunciar a otras opciones. Y todas las renuncias conllevan pérdidas.

Deja que esta sensación coexista con la ilusión de haber sido elegido o con la emoción de esta nueva oportunidad y las expectativas que tienes de la misma. Impedirte sentir esto o tratar de sentir únicamente esto puede generar conflictos emocionales. Para gestionar bien la emoción, tienes que permitirte sentirla.

Antes de empezar tu nuevo puesto de trabajo.

Los días de antes de la incorporación es importante que tengas en cuenta que esa emoción y las ganas van a ir creciendo. Pero, como siempre, no todo puede ser felicidad y amor. También pueden aparecer algunas emociones desagradables entremezcladas.

Es una fase de dudas, tanto a nivel procedimental como emocional. Puedes sentir que te has equivocado o que no estás lo suficientemente preparado para hacerte cargo de esta oportunidad.

Una vez has comenzado el nuevo trabajo.

Es el momento de adaptarse. Y, como hemos dicho antes, no es tarea fácil. Cualquier proceso de adaptación conlleva unas emociones de las que hacerse cargo.

Por un lado, están tus expectativas respecto al puesto. Parece fácil, pero muchas veces ajustar las expectativas no lo es. Lo que esperas de este nuevo trabajo (tareas, compañeros, ambiente, etc.) frente a lo que en realidad acaba siendo puede ser ajustado o desajustado, en cuyo caso podrás sentir engaño o decepción.

Por otro lado, están las expectativas que crees que hay sobre ti. Es difícil determinar si estas existen o solo están en tu imaginación, aunque tú las sientas como reales pueden no serlo. Sería injusto y poco realista que nadie esperase que lo sepas todo nada más llegar. Piensa que a tu incorporación no van a medirse las habilidades y los conocimientos que ya tienes del trabajo a desempeñar, si no de tu capacidad para aprender nuevas habilidades.

Cuando intentas ser eficaz y productivo desde el minuto uno, sin posibilidad de mirar con curiosidad tus nuevas tareas y dándote la posibilidad de aprender aparece lo que se conoce como síndrome del impostor.

Nadie espera que lo hagas perfecto el primer día. Muchas veces, ni siquiera esperan que sepas hacer las cosas. Tienes derecho a preguntar, a informarte y a hacerlo con la ansiedad que todo esto supone. Todos hemos estado ahí y nos hemos sentido insuficientes y poco merecedores. Pero sentirlo no es serlo.

Por eso, si sientes que estás tratando de controlarlo todo desde el primer minuto y no te estás dando permiso para sentir miedo, incertidumbre, ansiedad u otras emociones desagradables, solo quiero decirte que todas ellas son normales.

Sin embargo, si consideras o sientes que alguna o varias de estas emociones están haciéndote sufrir de más o están afectando a otras áreas de tu vida, no dudes en pedirnos ayuda.