Quiero salir de mi zona de confort y no sé cómo se hace.

LA ZONA DE CONFORT

Cuando hablas de la zona de confort yo no puedo evitar preguntarme, ¿es realmente tan malo estar ahí?

Te invito a que reflexionemos al respecto. Vamos a hacer un repaso sobre lo qué es exactamente la zona de confort y, por tanto, sobre lo qué no es.

La zona de confort es un lugar donde sentir cómodo, no salir de ella está bien.

Qué es la zona de confort

La zona de confort se define por White (2009) como como un estado psicológico, que puede estar asociado a un lugar, pensamiento o acción concretos, en el que la persona adquiere un nivel “neutral” de ansiedad para adquirir un rendimiento estable.

Es decir, se trata de un lugar, pensamiento o acción que genera una rutina en la persona.

Con esta definición, podemos volver a nuestra pregunta:

¿Es mala la zona de confort?

Seguro que has recibido un gran bombardeo de información sobre “cómo salir de la zona de confort”.

La creencia popular dice que para crecer, hay que salir de la zona de confort. Sin embargo, el propio cambio va a generar unos niveles de ansiedad incluso dentro de una zona de comodidad.

En la definición anterior se asociaba la zona de confort a la rutina. Por tanto, querer salir de manera inminente de este lugar implicaría abandonar tu rutina. ¿Es mala la rutina en sí misma? Seguramente, la respuesta de la mayoría sea un no rotundo. De hecho, desde la rutina y la estructura se logran grandes avances.

Es decir, si la zona de confort es rutina y la rutina no es algo que parezca amenazante ni haya una necesidad real e inminente de cambiarlo. Tampoco lo es la zona de confort.

LO BUENO DE LA RUTINA

Tengo contacto cada día con gente, con personas que acuden a mi consulta buscando un lugar donde sentirse seguros y cómodos. Mi trabajo consiste en hacer a la gente sentirse lo suficientemente relajada como para que puedan poner en marcha los cambios que ellos consideren necesarios. Cambios que desde el disconfort no pueden percibir y sobre los que viene bien arrojar un poco de luz. Convierto la consulta en un sitio confortable, o al menos eso intento, un lugar en el que sentir tranquilidad. Y observo como, desde la calma, la mayoría de personas pueden hacer cosas distintas.

Se trata de realizar cambios que van a requerir mucho esfuerzo y, seguramente, algo de estrés; pero hacerlo desde un lugar de seguridad y calma. El lugar de confort me ayuda a que la gente se sienta mejor. El lugar de confort es una de las cosas más complicadas de alcanzar. La tranquilidad parece fácil, pero os aseguro que no lo es en absoluto. No siempre hay que ser la mejor versión de uno mismo, no siempre hay que superarse. Aprendamos a valorar lo que somos, lo que tenemos y a considerarnos suficientes. Quedarse en la zona de confort no siempre es tan mala idea al fin de cuentas.

Cambiar en mi zona de confort.

Yo, como psicóloga sanitaria, vengo a contarte mi forma de verlo. Para mí, el primer paso a tener en cuenta a la hora de valorar si quiero pasar a otra zona a nivel mental es que te plantees cuáles son tus objetivos.

Bien, a partir de estos objetivos vamos a poder determinar si es necesario pasar de lo que llamamos zona de confort a la zona de aprendizaje.

Hay cambios que pasan por un periodo de adaptación o, como decía antes, de aprendizaje. En este periodo, el cuerpo se prepara para el cambio aumentando los niveles de activación. Es decir, aparecen niveles de estrés más elevados.

El problema es que la curva del estrés es beneficiosa para aumentar el rendimiento solo en determinados niveles. Si aumenta demasiado, el rendimiento acaba por disminuir. Por tanto, necesitamos niveles de estrés limitados para producir los cambios.

Aun así, hay algunos cambios que no producen un estrés intolerable. Si no que producen unos niveles de ansiedad funcionales y moderados. Niveles de activación que nos resultan tolerable.

Como los niveles de estrés parecen inevitables cuando me propongo a realizar cambios vitales, me resulta esencial tener un lugar donde refugiarme. Un lugar en el que después de haber estado expuesto a niveles de activación relativamente elevados, pueda sentirme en paz. A veces el lugar de confort son personas o lugares físicos, pero te invito a que puedas llegar a construir tu zona de confort contigo mismo.

Si tienes alguna duda al respecto, no dudes en contactarnos.