«Me siento mala madre por no tener paciencia»
«Todos los días acabo gritando a mi(s) hijo(s) y me siento fatal después»
¿Qué puedes hacer cuando todas las noches te acuestas con la propuesta de que vas a mejorar tu paciencia, pero no lo consigues? ¿Te convierten los gritos y la falta de paciencia en mala madre?
La respuesta corta es NO. Claramente ser mala madre implicaría muchas más cosas.
Los gritos, enfados, las prisas y la falta de paciencia te convierten probablemente en una madre saturada.
¿Por qué me siento mala madre por no tener paciencia?
Vayamos a lo primero de todo «sentirse mala madre».
Primero: sentirse de una manera no significa serlo. Puedes sentirte triste y no ser una persona triste. Puedes sentirte mala madre y no ser una mala madre.
Ya sé que sentirse así es muy incómodo y que te hace replantearte todo.
Probablemente lo que te haga sentir así es toda la información que tienes de crianza respetuosa y sin gritos que has visto por las redes. Una forma de crianza con la que estamos muy de acuerdo en Serene Psicología, pero que siendo realistas no puede ser perfecta y llena de paz y tranquilidad.
La crianza respetuosa tiene que serlo también con los padres, quienes lo acaban viviendo como una fuente de estrés y exigencia desmedida de hacerlo todo de una única manera. Sin tener en cuenta que como madre eres humana y tienes emociones que te llevan a momentos de desbordamiento.
La crianza respetuosa es viable teniendo momentos en los que pierdes los nervios y te sientes desbordada, siempre que ese desbordamiento no te lleve a agredir ni verbal ni físicamente a tu hijo. Los gritos no te hacen mala madre ni mucho menos alguien que no esté intentando hacer lo mejor para sus hijos.
Rebaja el nivel de exigencia y empieza a aceptar tu condición humana como parte de la crianza. Tus hijos no necesitan una madre perfecta para tener una buena madre.

Grito a mis hijos y me siento mal, quiero mejorar mi paciencia.
Me parece un buen propósito.
Entrenar la paciencia requiere tiempo e ir poco a poco.
Lo primero de todo es detectar qué te hace perder la paciencia con tus hijos. Puede que sea tener que repetir todo 50 veces o puede que sea la sensación de llegar tarde a todo siempre.
Las prisas pueden ser un buen lugar por el que empezar. Quizá haya que adelantar las cosas un poco, los horarios. Empezar a recoger antes para tener algo más de margen, reducir las prisas cuando quizá el horario no es tan importante (por ejemplo el fin de semana).
Reducir la exigencia de lo que te impones y puede que no sea imprescindible.
Repasa los momentos de pérdida de paciencia y no te juzgues por ellos, analiza qué te hizo saltar y si hay algo que tú puedas hacer para ponértelo más sencillo cuando vuelva a pasar (que volverá a pasar).
Entrenar la paciencia requiere un análisis previo y proponerse cambios de uno en uno. No puedes decirte cada noche: «mañana no grito»y esperar cumplirlo.
Quizá sería más fácil si fuera más concreto: «mañana no voy a gritar por subir tarde del parque».
Analiza si todas las exigencias que te impones son tan necesarias e importantes como las vives. A veces analizar puede ayudar a tomar perspectiva y no dejarnos llevar por la emoción.
Date tiempo antes del grito.
Mirar para dentro puede ayudarte.
Empieza por anotar mentalmente las señales internas que preceden al grito. De esta manera, cuando empieces a notar que tu paciencia está agotándose puedes o pedir ayuda a otra persona adulta que esté por ahí para alejarte de la escena y poder regularte, o respirar profundo para regularte y tratar de bajar tus niveles de enfado.
El grito es una forma de desahogo, que a veces será inevitable y otras lograrás reconducirla.
En esos gritos haz el esfuerzo de medir tus palabras, que no sean dañinas para tus hijos. Eso es más importante que no elevar la voz.
Cuando te sientes desbordada, hay que poner el foco en algo concreto y no intentar hacerlo todo perfecto.

¿Puedo dejar de sentirme mala madre por no tener paciencia?
Si, puedes dejar de sentirte mala madre por no tener paciencia.
Primero analizando tu falta de paciencia y viendo hasta qué punto es algo dañino y perjudicial para tus hijos.
Segundo, aceptando que no eres mala madre por no tener paciencia. Porque la pérdida de paciencia forma parte de la maternidad. Los niños hacen perder la paciencia porque ellos mismos en su desarrollo tienden a poner a prueba los límites y su consistencia.
Yo todavía no he conocido la madre que nunca grite, se desespere o pierda el control. Porque la humanidad que rodea a la maternidad implica cansancio, falta de paciencia y mucho desgaste.
Si sientes que esta sensación de «me siento mala madre por no tener paciencia» te angustia demasiado, ocupa mucho espacio mental y vital y te hace sentir mal contigo misma puede que haya llegado el momento de pedir ayuda a una psicóloga.
Te dejo el enlace para solicitar información y empezar un proceso de terapia aquí.