Síndrome de la impostora: como solucionarlo y a reducir la ansiedad que te genera.

El síndrome de la impostora, ese problema que te acompaña desde siempre y que no sabes cómo librarte de él.

Cada día desde hace años sientes que no estás haciendo las cosas bien. Como si estuvieras interpretando un papel que todos se han creído, pero están engañados.

Porque tú no te sientes tan capaz y buena como ellos te perciben.

Cada halago, reconocimiento o éxito que alguien te reconoce lo vives como ajeno. «Un golpe de suerte» o eso es lo que tu cerebro te recuerda cada día. Porque, en el fondo, algún día todos esos que te admiran y te tienen en consideración se darán cuenta de que no eres tan buena como parece.

Síndrome de la impostora: el nacimiento.

Esta sensación no viene de la nada.

Probablemente lleve años contigo, minimizando cada uno de los éxitos que has conseguido.

El síndrome de la impostora nace de la idea social de que no podemos reconocer nuestros logros o habilidades sin ser consideradas una flipadas. Así que es mejor creer que las cosas positivas que has ido logrando han sido por golpes de suerte o porque no son tan reconocibles como las sentías.

Puede que hayas crecido en una familia en la que el error siempre se ha puesto sobre la mesa, mientras que el éxito «era tu obligación».

Esos padres que, intentando hacer las cosas lo mejor que puedes, no celebran el 7, pero regañan con el 4. Independientemente del esfuerzo y el trabajo que haya habido detrás de esos resultados. Personas que consideran que las obligaciones no hay que premiarlas cuando se hacen bien, porque son los mínimos a los que tenemos que llegar.

De esta manera, tu cerebro ha ido aprendiendo que las cosas bien hechas no merecen reconocimiento. A veces incluso aprende a encontrar el fallo en el resultado positivo, a buscar la perfección como si nada imperfecto fuera suficiente.

Puede que tus padres celebrasen tus logros, incluso los que no eran muy impresionantes. Pero aún así tú sientas que las cosas que no te suponen un esfuerzo desmedido no requieren reconocimiento.

Como si tener facilidad para algo eliminase la posibilidad de celebrar un éxito. Como si Cristiano Ronaldo no pudiera celebrar sus goles porque no le cuesta tanto esfuerzo como nos cuesta a nosotras hacer su trabajo.

Parece que sentir orgullo y reconocer los propios logros te hace una persona arrogante. Y a su vez no hacerlo te convierte en alguien falto de autoestima. Claramente no es fácil encontrar el punto medio.

Todo esto acaba generando un poso de malestar y de autoexigencia que te perjudica a nivel emocional y de autoestima. Sintiendo una incapacidad por reconocer los logros propios como si estuvieras haciendo algo malo.

Pero lo importante no es tanto de dónde viene, sino qué hacemos con ello.

Síndrome de la impostora: empieza a solucionarlo.

Como siempre en Serene Psicología, lo que más nos importa es cómo puedes empezar a sentirte diferente.

El análisis es importante, pero no me importa tanto de donde venga sino qué está reforzando y manteniendo este tipo de sentimientos.

¿Qué estás haciendo para sentirte mejor cuando estas emociones aparecen por tu mente?

Seguramente haya cosas que haces como quedarte más tiempo en el trabajo, no delegar algunas tareas para que no piensen que te crees más que los demás o revisar todo el trabajo muchas veces y dedicar mucho tiempo a que no haya ningún error.

Ser meticulosa está bien, pero cuando revisas lo mismo muchas veces porque la posibilidad de que alguien descubra un error en lo que has presentado, pierdes tiempo y energía. Pero, sobre todo, acabas aumentando tus niveles de ansiedad y autoexigencia,

La autoexigencia es tu peor enemiga.

El síndrome de la impostora se alimenta de la autoexigencia. Es como dar de comer a un tigre que vive en tu interior.

Cada vez que te exiges hacer las cosas tú y hacerlas perfectas, das de comer a ese tigre que te acabará comiendo a ti. Porque el síndrome de la impostora se alimenta de eso precisamente, de tu poca tolerancia al error.

Como si fallar pusiera de manifiesto que no eres capaz, que no eres suficiente. Y te impones un nivel de acierto del 100%

Las psicólogas sabemos que todo aquello que a corto plazo alivia tu ansiedad, puede acabar generando un problema mayor a largo plazo.

Esto es lo que pasa con el síndrome de la impostora, intentas aliviarlo trabajando más para demostrarte que eres válida en tu puesto. Pero a la larga generas un conflicto interno.

La autoestima el gran aliado.

La autoconfianza puede ser un gran aliado. Empieza por hacer una lista de las cosas que haces bien.

Esas tareas que, aunque no te supongan mucho esfuerzo, sabes que haces bien y con facilidad.

Después haz una lista de las cosas que no son tan importantes si salen mal y delégalas. Todo lo que no sea ni urgente ni super importante. Esas cosas que si no están perfectas, no es tan importante.

Empezar a entrenarte en reconocer tus logros y en confiar en tu equipo o las personas en la que puedes delegar son el principio de romper el bucle.

Tienes que empezar por lo fácil, porque ponerse en modo difícil desde el principio no tiene sentido.

Empieza el camino desde el principio. Entrénate en las cosas que son fáciles y ya luego vamos a por lo demás.

Empezar a solucionar el síndrome de la impostora es un entrenamiento que hay que hacer poco a poco, porque hacerlo de golpe de un día para otro es imposible.

Pide ayuda si lo necesitas.

Pide ayuda a una profesional de la psicología que pueda acompañarte a detectar tu síndrome de la impostora y empezar a solucionarlo.

Lo importante no es que lo hagas sola. Si sientes que necesitas ayuda, puede ser un primer paso para trabajar y reducir esa autoexigencia.

Si crees que una psicóloga del equipo de Serene puede ayudarte y quieres iniciar terapia con nosotras, contáctanos sin compromiso.