Estilos de crianza: ¿cómo identificar el tuyo y corregirlo, si es necesario?
Tú quieres lo mejor para tu hijo.
Lo sé. Te veo.
Sé que lo que más te importa es tu hijo, hacerlo lo mejor posible. Sabes el daño que una madre puede hacer, puede que hasta lo hayas vivido de cerca. Y ahora que eres madre, no quieres que tus estilos de crianza le dejen huella.
Sé que te acuestas cada noche pensando si lo has hecho bien, si has sabido escuchar, si has tenido la paciencia que tu hijo necesita o si te has dejado llevar por el cansancio.
Querer hacerlo bien como madre no significa hacerlo perfecto —porque eso no existe—, pero sí implica aprender, ajustar y crecer junto a tu hijo.
Y en ese camino, entender los estilos de crianza es como encender una luz que te muestra por dónde caminar.

¿Qué son los estilos de crianza?
Primero de todo es importante que tengas en cuenta que los estilos de crianza no son recetas cerradas, sino que son cambiantes.
Todos tenemos todos los estilos, se trata de detectar cuál pones en práctica la mayor parte de la veces. Trata de hacerlo de manera sincera contigo. No busques justificar tus actos con aquel que consideras mejor para tu(s) hijo(s).
Se refieres a las tendencias que reflejan tus palabras, tus límites, tu tono, tus normas y tus respuestas a las emociones de tu hijo.
Desde la psicología, se han dividido los estilos de crianza en cuatro:
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Crianza autoritaria: muchas normas, poca flexibilidad y poca escucha. Se basa más en la obediencia que en el diálogo. Lo que dicen los padres es lo que hay que acatar: «porque lo digo yo» es el argumento predominante en este tipo de crianza.
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Crianza permisiva: mucho afecto, pero pocos límites claros. El niño tiene mucha libertad, pero puede sentirse inseguro. Los padres de este tipo de crianza suelen tener dificultades a la hora de afrontar conflictos con sus hijos, porque el malestar del menor suele generarles mucha ansiedad.
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Crianza negligente: poca implicación emocional y pocos límites. El niño crece con menos apoyo y estructura. Suelen ser padres ausentes a nivel emocional y, a veces, incluso físico.
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Crianza democrática o positiva: combina afecto y normas claras. Hay escucha, pero también límites firmes y coherentes. No se trata de llegar a un acuerdo con los hijos para ver qué límites sí son aceptables. Más bien estableces límites concretos y ser capaces de ceder en otro entendiendo que es importante para el menor.
Me parece importante aclararte que todos hacemos uso de todos estos estilos de crianza en algún momento de la vida de los hijos. Lo importante es saber cuál es el que predomina en la mayoría de los casos cuando te enfrentas a la crianza de los tuyos.
Cómo reconocer tu estilo de crianza.
Ha llegado el momento de ser sincera contigo.
Te voy a plantear una serie de preguntas que puedes hacerte para reconocer tu estilo de crianza predominante.
- ¿Tiendes a imponer o estás abierta a negociaciones?
- ¿Tus normas son claras y coherentes?
- ¿Escuchas las emociones de tus hijos o las minimizas pensando que son «cosas de niños»?
- ¿Hay momento de conexión, sin prisas?
Anota tus respuestas y observa en qué estilo te reconoces más. No es un examen, es un punto de partida.
Digamos que necesitas valorar cómo está el equilibrio entre autoridad-negociación y normas-afecto. Trata de mirar de manera sincera y, si tienes dudas, puedes preguntar a gente de tu entorno que te quiere y te trata de forma compasiva cuál es la forma en la que te ve a nivel de crianza.

Cómo mejorar los estilos de crianza.
Los estilos de crianza pueden modificarse. Si crees que hay momentos en los que tu estilo de crianza está dañando a tus hijos, puede que haya llegado el momento de hacer algo diferente.
No hay daño que no pueda repararse. El papel de una madre no es no dañar nunca, sino tratar de hacerlo lo menos posible y reparar el daño que se pueda hacer.
1. Escucha activa
Cuando tu hijo te cuente algo, para lo que estés haciendo, míralo a los ojos y repite con tus palabras lo que te ha dicho. Así siente que le entiendes.
No se trata de darle siempre consejos, a veces cuando escuchamos lo que tiene que decirnos les hacemos sentir importantes y queridos. Lo que es importante para ellos es lo que tenemos que escuchar, sin juicios.
¿Cómo te hace sentir a ti sentarte con alguien que te escucha?
2. Límites claros y explicados
No basta con decir “No”. Explica por qué y qué alternativa tiene: “No puedes saltar en el sofá porque puedes caer, pero puedes saltar en esta alfombra”.
Cuanto más pequeños son, más breves han de ser las explicaciones. Si no aceptan la alteraniva, hay que mantenerse firme en el límite que has puesto. Sobre todo si puede ser peligroso que no lo cumpla.
Si sientes que hay demasiados límites de manera constante, es hora de revisarlos y negociar con ellos algunos. Es bueno que entiendan que puedes equivocarte, eso les da permiso a ellos para hacerlo.
El exceso de normas puede generar un elevado perfeccionismo en los hijos y una baja autoestima. Como siempre, la clave está en el equilibrio.
3. Tiempo de conexión diario
Aunque solo sean 10 minutos al día, dedícalos sin pantallas ni distracciones a jugar o hablar. Esos momentos crean seguridad emocional.
Puede aprovechar momentos en familia durante las comidas o cenar, o alguna noche de la semana hacer una noche de juegos. Hay menores que comparten más cuando hay una actividad compartida en medio.
Si son muy pequeños, puedes empezar a incluir rutinas de hablar antes de iros a dormir. Haz que te sientan presente en su día a día. No necesitan toda la disponibilidad del mundo, pero si momentos de calidad y conexión.
4. Coherencia
Si un día algo está prohibido, al día siguiente no puede estar permitido. La coherencia da estabilidad.
Como decíamos antes, revisa las normas y pon aquellas que sean coherentes y seas capaz de cumplir. Aunque algunas no las entiendan.
5. Autocuidado
Criar bien empieza por cuidarte tú. Si estás agotada, tu paciencia se acorta y tu tono cambia. Dormir, comer bien y tener momentos para ti no es egoísmo, es inversión en tu hijo.

Crianza positiva: el estilo que más beneficia
La crianza positiva no es ser permisiva ni “blanda”. Es un estilo firme pero afectuoso, donde el niño sabe que hay normas, pero también siente que sus emociones son escuchadas.
Numerosos estudios muestran que este estilo fomenta la autoestima, la responsabilidad y la comunicación abierta.
Conclusión
No se trata de etiquetarte ni de culparte, sino de ver qué pequeñas acciones puedes ajustar desde hoy para acercarte a un estilo de crianza más sano y equilibrado.
Recuerda: criar no es moldear un niño perfecto, es acompañarlo para que sea él mismo… y eso empieza contigo.
Si tienes dificultades en reconocer tus estilos de crianza o en cambiarlo, estamos aquí para ayudarte. Contáctanos hoy para empezar tu terapia con nosotras.