La realidad es que le doy muchas vueltas a todo, quiero saber cómo dejar de pensar tanto”.

Esta petición es habitual en nuestra consulta de psicología. Puede ser que esto te esté pasando y sientas que tienes que controlar tus pensamientos y, por tanto, las emociones derivadas de los primeros.

Los pensamientos.

A lo largo del día todas las personas tenemos un montón de pensamientos. Normalmente, no elegimos los pensamientos que nos vienen a la cabeza. Este hecho es importante a tener en cuenta. Desde ya te digo que dejar de pensar es imposible y que no vas a poder librarte ni controlar los pensamientos que te vienen a la mente.

¿Y entonces?

Entonces, tienes que tener en cuenta esto a la hora de enfrentarte a tu pensamiento. Parar el pensamiento es imposible y tratar de hacerlo conllevará frustración y ansiedad.

Lo que sí podemos hacer es la manera en la que interpretas tus pensamientos y el tiempo y la validez que les das.

Cómo dejar de pensar tanto.

Cuando sientes que piensas demasiado tu sistema de supervivencia se activa. Tu cuerpo se pone en alerta para protegerse de distintos peligros. Y aparece la conocida ansiedad.

Pensar demasiado es un aburrimiento. Entiendo que quieras cambiarlo, aunque no se puede elegir ni la cantidad ni el contenido de los pensamientos. Sin embargo, hay cosas que sí puedes hacer.

1. Acepta los pensamientos.

Pensar vas a pensar. Es importante poder aceptar los pensamientos como algo válido. Los pensamientos, como las emociones, vienen y van. Piensa en ellos como las nubes, simplemente están ahí y no se quedan siempre en el mismo lugar. Están en movimiento, te gusten o no. Hay nubes que no nos molestan, de hecho, las podemos incluso agradecer en días muy soleados. Otras, pueden molestarnos más porque sueltan agua y nos mojan.

Los pensamientos son como las nubes, unos te gustarán y otros no. Simplemente ten en cuenta que son solo eso: pensamientos. Y, como tal, se irán de la misma manera que han venido.

2. Olvida la posibilidad de dejar de pensar tanto.

Como hemos dicho, es importante aceptar que vas a pensar y que, en ocasiones, algunos pensamientos van a generarte malestar.

Sin embargo; cuanto más tratas de luchar con algunos pensamientos, más lucha tu cabeza por tratar de instalarlos. Si yo te pido en este instante que dejes de pensar en un elefante rosa lo más probable es que tu cabeza solo pueda traer a la mente la imagen de dicho elefante. Si, además, te digo que pensar en un elefante rosa va a traerte graves consecuencias, es probable que tu ansiedad aumente y te resulte todavía más complicado dejar de pensar en ello.

Por este motivo, buscar fórmulas mágicas para dejar de pensar tanto es ineficaz. Trata los pensamientos como algo que vas a tener que llevar contigo. Como si te doy un boli y te pido que lo lleves siempre encima. En algunos momentos te incomodará y, en otros, se te olvidará que llevas un boli encima. Así que coge tu boli y haz cosas, no permitas que los pensamientos te impidan hacer tu vida.

3. Recuerda que pensar algo no lo hace realidad.

Algunos pensamientos son intrusivos. Es decir, aparecen de la nada y generan malestar. Suelen tener contenido que se define como “raro”. Un ejemplo de esto es algo muy habitual como llegar al metro y que por un momento aparezca un pensamiento fugaz como “¿y si me tiro?”

Pensarlo no es hacerlo. Es decir, que este pensamiento aparezca en tu mente no significa que vayas a hacerlo. Existen multitud de situaciones similares al ejemplo mencionado. Ten en cuenta que dichos pensamientos generan miedo o ansiedad. Estas emociones aparecen para protegerte. Pero a veces son falsas alarmas.

Todo ello pasa por un sistema de procesamiento automático y, por tanto, no controlable. Como decíamos antes, los pensamientos vienen y van. Los pensamientos intrusivos suelen quedarse enquistados cuando buscamos la manera de que nunca vuelvan a aparecer. Y cuanto menos quieres pensar en el elefante rosa, más lo haces. Lo mismo ocurre con pensamientos como el del metro o similares.

Así que recuerda que pensar algo no lo convierte en real.

4. Ocúpate en lugar de preocuparte.

Si tus pensamientos van en torno a preocupaciones respecto a situaciones que no puedes controlar, es el momento de darle al pause.

Si te ves envuelto en momentos de mucha preocupación y bucles de pensamiento acerca de algo que no puedes cambiar, hazte la siguiente pregunta: ¿hay algo que tú puedas hacer para cambiarlo?

Si la respuesta es no, vas a tener que aceptar la situación tal cual es. En esas circunstancias tendrás que poner el foco en cómo sobrellevar mejor las emociones que te genera dicha situación.

Una forma muy habitual que tienen las preocupaciones de manifestarse es a través de los “y si…” que generan miedo y muchas veces te limitan a hacer aquello que te gustaría hacer. Si te ves envuelto en esto, hazlo. Las decisiones siempre van a llevar un coste, tanto hacerlo como no hacerlo. Fíate de las emociones que te genera la posibilidad de emprender la acción y no de las posibles cosas que pueden ocurrir cuando lo hagas.

Recuerda que, si sientes que los pensamientos que tienes te producen un malestar intenso, podemos ayudarte.

Pensar es necesario e inevitable. Pero puedes hacerlo con cabeza.