¿La autocompasión es necesaria? Es normal que a lo largo de la vida te encuentres con una actitud crítica hace ti.

¿Te suena familiar encontrarte criticando aquello que has hecho con tanto esfuerzo? ¿O juzgándote cuando te has equivocado? ¿O diciendo cosas de ti que son injustas y jamás dirías de otras personas a quienes quieres?

La verdad es que existe otra manera de relacionarte contigo: a través de la autocompasión.

¿Qué es la autocompasión?

Parece que está de moda hablar de autocompasión, pero esto es mucho más que una moda de bienestar.

Se trata de la habilidad de tratarte con la misma bondad y cariño con el que tratas a tus seres queridos, sobre todo en tiempos difíciles. ¿Por qué necesitas ser tan duro contigo? ¿A caso crees que tiene un beneficio exigirte tanto?

La autocompasión se refiere a lo contrario, sin caer en la falsedad y la desresponsabilización. Se trata de cultivar esa voz interna amable y comprensiva que te recuerda que lo estás haciendo bien, incluso cuando las cosas se complican.

¿Por qué necesitas entrenarla?

Entrenar la autocompasión es como fortalecer un músculo emocional. Cuando te permites ser compasivo contigo, te vuelves más resistente al estrés, a la autocrítica excesiva y a la negatividad. Estudios han demostrado que las personas que practican la autocompasión tienden a tener una mejor salud mental y emocional en general.

Imagina un día difícil en el trabajo o un error que cometiste. En lugar de castigarte mentalmente, la autocompasión te invita a ser comprensivo contigo mismo, a aprender de tus errores y seguir adelante con más fuerza.

No quiere decir que vayas a eliminar las emociones desagradables de tu vida, pero sin duda se volverán más manejables si no echas más leña a ese fuego juzgándote y criticándote. Esto consiste simplemente en validarte, comprenderte y permitirte.

Herramientas para mejorar la autocompasión.

Escritura terapéutica.

Escribe un diario, sobre todo en momentos de mucho malestar. Escribe cuando los pensamientos se solapan unos y otros en tu cabeza, cuando se agolpan y sientes un avispero dentro de ti.

Escribe esas frases que te dices, los insultos o las críticas que te regalas y léelas. Cuando las repites en alto, escucha como suenan y cómo reacciona tu cuerpo a esas mismas. Es importante tomar conciencia de ciertas verbalizaciones que te haces.

A continuación, trata de pensar en qué pasaría si esto te lo cuenta un amigo. Si te lo manda por carta, ¿qué le dirías? Y escríbelo.

Escribe aquello que le dirías. ¿Le hablarías igual que te has hablado a ti? Probablemente no.

Practica la aceptación.

La aceptación de que eres un ser humano y naturalmente imperfecto. Que no vas a poder hacerte cargo de todo ni de todos y, mucho menos, hacerlo perfecto.

La autocompasión no niega las dificultades, sino que te ayuda a abordarlas con amabilidad y comprensión. Simplemente permítete cometer errores y aprender de ellos en la medida de lo posible.

Practica la regulación emocional.

Aprender a reconocer emociones y pensamientos puede ser una herramienta muy útil.

Tener conocimiento sobre el funcionamiento de las emociones y las razones por las que aparecen puede ser beneficioso para entenderte y mirarte de una manera cariñosa y compasiva.

En conclusión, la autocompasión….

no es debilidad; es una fortaleza que todos podemos desarrollar. Al practicarla, no solo mejoras tu relación contigo, sino que también cultivas una mayor empatía hacia los demás.

Así que la próxima vez que te encuentres siendo tu peor crítico, recuerda: la autocompasión es el regalo que te das a ti mismo para navegar por la vida con más amor y menos juicio.

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