El síndrome de la impostora: cuando tus logros nunca parecen suficientes.
¿Te has sentido alguna vez como si todo lo que has logrado fuese producto de la suerte, una coincidencia o un error? ¿Como si en cualquier momento alguien fuera a darse cuenta de que no eres lo suficientemente buena, de que no mereces lo que has conseguido? ¿Sientes que no te mereces la forma en la que te miran los demás, sobre todo los que sienten admiración por ti?
Si estas preguntas resuenan en ti, es posible que estés experimentando lo que se conoce como el síndrome de la impostora.
Quiero empezar diciéndote que NO ESTÁS SOLA. Se trata de un fenómeno que afecta principalmente a mujeres, cualquiera que sea su estatus socio económico. Muchas veces afecta especialmente a esas mujeres que transmiten «que lo tienen todo controlado», las que «llegan a todo» y son fuente de admiración para muchas otras.
¿Qué es el síndrome de la impostora?
Se trata de sentimientos principalmente de duda e inseguridad, así como una sensación de no ser merecedora de tus logros.
Es como un bicho que te pica y te hace pensar que, de alguna manera, estás engañando a los demás y de que pronto serás «descubierta». En tu cabeza, puede sonar algo como: «¿Cómo me dieron este trabajo? No tengo las habilidades que creen que tengo«, o «A cualquiera le habría salido bien, fue pura casualidad«.
Son pensamientos y sensaciones que afectan a mujeres de todas las edades y ámbitos. Es especialmente doloroso porque a pesar de las evidencias de éxito (felicitaciones, reconocimiento, proyectos bien ejecutados, títulos, promociones, etc.), tú sigues pensando que nunca es suficiente o que no has hecho nada especial.

¿Puede afectar a los hombres?
Por supuesto, el síndrome del impostor también puede existir. Sin embargo, se trata de un fenómeno que tiene más prevalencia en el género femenino.
Lo que tiene relación con factores sociales, culturales y de aprendizaje. Suele ser la mujer, principalmente, la que tiene un comportamiento más perfeccionista y «humilde» a la hora de presumir de sus logros. Desde siempre se ha escuchado que «las niñas son más responsables que los niños». Y eso, poco a poco, va calando en la expectativa de que la mujer es más detallista y hace las cosas mejor.
¿Cómo se manifiesta el síndrome de la impostora?
Algunas de las manifestaciones más habituales de este problema son:
- Te cuesta aceptar elogios: cuando alguien reconoce tu trabajo, inmediatamente sientes la necesidad de explicar que «no fue para tanto» o «solo tuviste suerte». No se trata de frases hechas en las que intentas salir del paso, sino convicciones e incomprensión ante las felicitaciones.
- Evitas destacar. Aunque sabes que podrías brillar, prefieres mantenerte en un segundo plano para no atraer la atención y correr el riesgo de que descubran que «no eres tan buena». Sientes que si sobresales demasiado se pondría en evidencia que todos tienen una imagen equivocada de ti.
- Te pones metas imposibles. Te exiges a ti misma estándares altísimos, porque piensas que si bajas la guardia, demostrarás que no eres competente. Como minimizas tus logros y los objetivos que consigues, tienes la sensación constante que de «deberías» hacer más de lo que haces, como hace el resto de personas.
- Saboteas tus propios logros. Cuando logras algo, minimizas tu esfuerzo o lo atribuyes a causas externas como el apoyo de otra persona o el azar.
Empieza a combatir el síndrome de la impostora.
Lo primero que necesitas saber es que superar el síndrome de la impostora no es fácil, pero sí es posible. Puede que necesites ayuda profesional de una psicóloga para superarlo y entender de donde viene.

Aquí tienes algunas estrategias que pueden ayudarte a desmontar poco a poco esas creencias autocríticas:
1. Reconoce el problema
El primer paso para cambiar es ser consciente. Si estás leyendo esto y te has sentido identificada, felicidades. Ya has dado el primer paso: reconocerlo. Ahora, cada vez que sientas que esa voz interna te está saboteando, ponle nombre: “Esto es el síndrome de la impostora”.
Al hacerlo, separas tus pensamientos de tu identidad y te das cuenta de que esos pensamientos no son la verdad, son solo una interpretación. Reconocer esto como un pensamiento o sensación ayuda a diferenciarlo de la realidad. Puede ser una percepción, pero no una verdad absoluta.
2. Revisa tus logros
Haz una lista de tus éxitos, tanto grandes como pequeños. Revisa ese proyecto difícil que lograste sacar adelante, las veces que has sido un apoyo para otros, las decisiones valientes que has tomado.
Ver tus logros por escrito te ayudará a ser más objetiva y a recordar que todo lo que has conseguido no fue por suerte, sino por tu esfuerzo, inteligencia y habilidades.
Si sientes que eres incapaz de hacerlo, no pasa nada. No te fuerces porque solo generará mucha frustración. Trata de anotar los pasos que has ido dando para llegar al siguiente objetivo o sacar adelante un proyecto y valora si realmente «no fue para tanto».
3. Aprende a aceptar elogios
La próxima vez que alguien te felicite, simplemente di «gracias». Nada más. No te excuses ni le quites valor. Al principio puede resultar incómodo, pero poco a poco te acostumbrarás a recibir reconocimiento sin necesidad de justificarte.
Permite que la otra persona piense que lo que has hecho merece un reconocimiento. No se trata de estar de acuerdo, simplemente de permitir a los demás pensar como quieran.
4. Habla con otras mujeres
Compartir tus sentimientos con otras mujeres puede ser un alivio enorme. No estás sola en esto, y muchas veces, verbalizar tus inseguridades te permitirá darte cuenta de que no son tan reales como parecen. Además, el apoyo de mujeres que entienden por lo que estás pasando puede ser un alivio para el alma.
5. Deja de compararte
Es fácil caer en la trampa de comparar tu camino con el de otras personas, sobre todo en la era de las redes sociales. Sin embargo, cada persona tiene su propio proceso, y compararte solo alimentará más la sensación de impostura. Céntrate en tu propio progreso y en cómo has crecido.
Y, cuando lo hagas, o sientas admiración por otra persona valora que el hecho de que otros alcancen unas metas diferentes a las tuyas, no deja de lado ni hace menos importantes las propias.
6. Busca apoyo profesional
Si el síndrome de la impostora te está afectando de manera importante en tu vida personal o profesional, considera buscar ayuda psicológica. Un psicólogo puede ayudarte a identificar las raíces de estas creencias y a desarrollar estrategias para gestionarlas. No tienes que hacerlo sola.
Recuerda: No eres una impostora
Lo más importante que quiero que te lleves de este artículo es que no eres una impostora. Tus logros no son fruto del azar, no estás engañando a nadie. Eres capaz, eres competente, y lo que has conseguido es el resultado de tu esfuerzo y dedicación.
Reconocer tu valor no te hace arrogante, te hace justa contigo misma. Así que la próxima vez que esa voz crítica te susurre que no eres suficiente, respóndele con firmeza: «Yo sí lo merezco». Y créelo, porque es la verdad.
