«Mi hijo no quiere ir al colegio y no sé como hacer que vaya»
Esto no solo te pasa a ti, pasa en otras familias también y he de decirte que no es un problema que resulte fácil de solucionar.
La solución requiere tener en cuenta muchos factores como puede ser la edad de tu hij@, el tiempo que lleva ocurriendo esto y, por supuesto, las circunstancias que se atraviesa a nivel individual y como familia.
Mi hijo no quiere ir al colegio: ¿qué está pasando?
Considero que la primera pregunta que tienes que hacerte es esa: ¿qué está pasando?
Pueden ser muchos los motivos por los que tu hijo no quiere ir al colegio: problemas con los compañeros, pereza, conflictos con profesores, etc.
¿Tienes claro el motivo por el que tu hijo no quiere ir al colegio?
Si no lo tienes, puedes preguntarle. Desde los más pequeños a los más mayores son capaces de preguntar a esta pregunta.
Los mayores puede que se enfaden cuando planteas esta pregunta. Es un mecanismo de defensa para no conectar o no contar lo que le está ocurriendo. Si esto ocurre en tu caso, habría que buscar otras formas de comunicarte con tu hijo adolescente.
Los motivos más habituales que llevan a un niño a no cumplir sus responsabilidades son:
- Miedo a los exámenes o evaluaciones.
- Ansiedad social.
- Acoso escolar.
- Conflictos con los profesores.
- Bajo estado de ánimo.
- Somatización del malestar.
Sí, ya sé que creías que era pereza y vaguería. Pensabas que no le daba la gana, pero nadie quiere enfrentarse a constantes conflictos dentro y fuera del aula.
Puede que la pereza se haya apoderado de tu hijo cuando lleva mucho tiempo faltando y sus problemas han sido tratados y acompañados de manera profesional. Esto lo veremos más adelante.

Mi hijo no quiere ir al colegio: las primeras veces.
El primer día le dolía la tripa, puede que incluso vomitase y le dejaste faltar.
El segundo día parecía estar con mucho dolor de cabeza y le dejaste faltar.
El tercero ni siquiera se quiso levantar de la cama.
Le llevas al médico y no hay nada que justifique esos síntomas físicos.
Te preocupas y no quieres ir en contra de su bienestar y dejas que vuelva cuando esté preparado para hacerlo, cuando se encuentre mejor.
Pero te asalta la duda de si lo estás haciendo bien, si tendrías que obligarle a ir.
Te propongo que busques el equilibrio. Ni faltar siempre, ni no faltar nunca. Pero, sobre todo, ha llegado el momento de investigar qué está pasando en la vida de tu hijo.
Siéntate y de manera calmada (puedes irte fuera de casa si es más fácil no discutir así) es hora de manifestar tu preocupación, más allá de lo académico, y preguntar por su estado emocional.
¿Y con el cole? Toca poner límites firmes y contundentes. Sin ser agresivo, preocúpate con tu hijo e investiga qué está pasando.
Salvo que esté físicamente en peligro, que habrá que tomar cartas en el asunto, tiene que ir a clase. Aunque no sea la persona más productivo, incluso aunque no vaya a todas las clases. Pero no puede dejar su rutina de lado.
Sé que el equilibrio es complicado, pero dejarlo fluir puede ser peligroso.
Si no va a clase desde hace tiempo…
hay que tomar las riendas.
Esto no quiere decir que le grites y le lleves a la fuerza. Esto quiere decir que hay que valorar si los motivos que le hacen faltar siguen estando presentes.
Si fue por un tema de acoso y le has cambiado de centro, ¿cómo funcionan las cosas en el nuevo centro?
Si hubo un periodo de depresión, ¿sigue ese estado de ánimo presente?
Ser empático al malestar no implica ser permisivo a todas las conductas. Y faltar a clase es una de esas conductas que puedo entender, pero no permitir.
Si las causas que han generado el absentismo escolar parece que están solucionadas (lo que tendrás que valorar con tu hijo), es el momento de valorar si los beneficios secundarios de faltar a clase están presentes.
Es decir, hay que ver qué está haciendo que se mantenga esta conducta.
A veces es la sobreprotección de que al estar muy triste hemos pedido en el colegio que no tengan en cuenta sus faltas en su evaluación, o que ha pasado de curso sin los conocimientos mínimos…
Pueden ser muchos los motivos por los que la conducta se mantiene. Te propongo que los resultados sean acordes a las normas establecidas. Sé que da mucho miedo que un hijo repita curso, y más cuando no se encuentra muy bien, pero a la larga lo mejor que puede pasar es que repita y lo retome cuando esté mejor.
Ir pasando de curso sin cumplir con las normas no prepara a tu hijo para el mundo adulto. Toca aprender cuál es la prioridad en este momento: que tu hijo esté bien.
Ten en cuenta la edad de tu hijo.
No te olvides de las diferencias en las distintas edades del desarrollo.
No podemos comparar un niño de 11 años con un adolescente de 16.
La edad importa, como en todo, porque las capacidades y las posibilidades cambian según la edad.
Cuanto más pequeño es tu hijo, más fácil es poner límites firmes y concretos que corten la conducta que no nos gusta. Evidentemente, antes de esto valora si tu hijo está viviendo una situación de acoso o violencia en el centro escolar. No podemos obligar a nadie a exponerse a situaciones que le ponen en riesgo.
Cuanto mayor es, más complicado actuar acorde a límites. Podemos poner consecuencias que molesten más como no dar dinero para salir, o similar. Pero obligar a ir a clase no es tan sencillo, y menos cuando llevan tiempo sin hacerlo.

Mi hijo no quiere ir a clase, no puedo con esto más.
Entonces ha llegado el momento de pedir ayuda profesional. Para ti o para tu hijo.
O quizá para los dos.
Gran parte de este problema puede ser que no hayas sabido desenvolverte en esta situación tan sumamente complicada.
Tengo claro que has intentado hacer en todo momento lo que sabías y podías. No es fácil hacer frente a este tipo de situaciones.
Lo bueno es que no tienes que hacerlo sola, en Serene Psicología tenemos profesionales que pueden servir de guía.
Si no sabes si esto tiene arreglo, si sientes que estás perdido y necesitas ayuda, ha llegado el momento de contactarnos y solicitar una llamada informativa para ver si somos los profesionales indicados para ayudarte.