Tomar decisiones: ha llegado el momento de dejar de buscar la opción perfecta y empezar a vivir.
Cada día al despertarte te enfrentas a millones de deciones.
Desde qué ropa ponerte, la hora de salir de casa, si ir en coche o en transporte público. Incluso antes cuando tomas la decisión de quedarte un ratito más o no dentro de la cama, atrasar la alarma.
La vida en un sinfín de decisiones diarias. A cada momento implica tomar decisiones.
A veces el día parece reducirse a una lista infinita de decisiones que tomar, con el cansancio que eso genera.
Con el tiempo, tomar decisiones puede convertirse en una batalla interna. Si en cada paso que das aparece el miedo a equivocarte, o el miedo a elegir mal te paraliza. Tratas de buscar la mejor opción para (y puede que para otros), la opción que no duela, la que no implique costes emocionales…
Y al final te agotas, la vida pasa mientras tu incapacidad para tomar decisiones te paraliza a la vez que te consume.
Por qué cuesta tomar decisiones y dejar de buscar la opción perfecta.
Sí, ya sé que hay personas que son capaces de tomar decisiones de forma rápida y sin dar muchas vueltas.
Otras personas sienten que se pierden en el análisis. Si estás aquí, seguramente seas de este segundo grupo.
Puede que a la hora de tomar decisiones tu mente se llene de «y si…» que no ayudan en nada, sino que lo complican todo.
Tu mente se convierte en una centrifugadora de pensamientos: ¿Qué pasará si no lo hago? ¿Y si lo hago? ¿Y si me equivoco? ¿Y si me arrepiento? ¿Y si decepciono a alguien?
Pensamientos derivados del miedo y que son un intento del cerebro por controlar y protegerte. Miedo que no se relaciona tanto con la decisión en sí, sino con la importancia que le estás dando a la decisión en cuestión.
A veces estos miedos se activan con decisiones poco importantes, lo que se vuelve más angustiante y paralizante. También a veces nos convencemos de que las decisiones tienen una importancia enorme y eso nos permite no tener que tomar decisiones.
En serene psicología solemos encontrarnos con personas que sienten que las consecuencias de sus decisiones son su responsabilidad y las emociones que derivan de ello se vuelven muy intensas.
Al final, la capacidad de tomar decisiones se bloquea y acabas sintiendo un descontrol enorme en tu vida.

La trampa tomar decisiones tratando de buscar la decisión correcta.
Nos han enseñado a autocontrolarnos. A no ser impulsivos a la hora de tomar decisiones. A meditar y valorar bien todas las opciones para elegir la mejor opción o la más «correcta».
Nadie te explicó que las decisiones, por muy acertadas que sean, conllevan pérdidas. Porque cada decisión implica un sacrificio de otras opciones.
Tienes que saber que renunciar a otras opciones, duele. Porque si la opción elegida acaba fallando, hay otro montón de opciones que no has escogido y podrían haber funcionado.
A veces confundimos ese dolor con señal de que nos hemos equivocado, cuando en realidad solo significa que hemos avanzado. Y avanzar implica despedirse de algunos caminos, a lo que puedes volver en el futuro (en la mayoría de los casos).
Esperar a tener la certeza absoluta antes de tomar una decisión es en sí mismo una decisión. Puesto que estás eligiendo quedarte en el mismo sitio, hasta que ocurre un imposible. Porque la información de lo que es correcto o incorrecto se tiene mientras se vive, no antes.
Las decisiones que no siguen el camino esperado pueden enseñarte muchas cosas, no son un error en sí mismo. Son caminos que te han llevado a un sitio diferente del que pensabas que te llevarían y que no podías saber antes de recorrerlos.
Cómo tomar decisiones sin ansiedad.
No existen fórmulas mágicas, pero sí pequeñas prácticas que pueden ayudarte a decidir con más serenidad.
Aprender a tomar decisiones y dejar de buscar la opción perfecta es un entrenamiento que puedes empezar a realizar hoy mismo.
1. Conecta con lo que sientes, no solo con lo que piensas
A veces la mente da mil vueltas, pero el cuerpo ya sabe.
Observa cómo te sientes cuando imaginas cada opción: ¿ligereza o tensión?, ¿expansión o contracción?
Tu cuerpo tiene su propio lenguaje y puede guiarte más allá de la lógica.
Aprende a decidir desde el cuerpo y no desde la mente.
Porque las emociones tienen mucha información relevante para ti y esa información es una certeza que tienes a día de hoy: elegir la opción que más tranquilidad te produce es más fácil que adivinar cuál es mejor para el futuro, que es incierto.
2. Reduce el ruido mental
Cuando estás saturada de información y opiniones, la claridad se apaga. Tómate una pausa. Sal a caminar, escribe, o habla con alguien que te escuche sin aconsejarte.
Las mejores decisiones suelen aparecer cuando dejas de forzar la respuesta.
Las prisas no son buenas consejeras en la mayoría de las situaciones, pero menos aún cuando se trata de tomar decisiones. Porque tomar decisiones necesita de tranquilidad y sosiego.

3. Acepta que decidir no es controlar
Decidir no garantiza el resultado que esperas. Pero sí garantiza algo: movimiento. Y el movimiento trae experiencia, aprendizaje y dirección.
Cuando entiendes que equivocarte también forma parte de decidir, la ansiedad se disuelve poco a poco.
Lo importante de tomar decisiones no es acertar, aunque estaría bien lograrlo. Lo importante es resolver el conflicto eligiendo un camino a seguir.
Date el permiso a equivocarte porque eres una persona y, como ser humano, el error es inevitable.
Tomar decisiones para seguir con tu vida.
Ha llegado el momento de escoger un camino. Sé que es difícil, pero si no tienes claro cual es el camino correcto, trata de elegir la opción más coherente contigo.
Elige aquella opción que sea más respetuosa contigo, con tus valores y tu principios.
A veces la decisión más amorosa es decir que no, aunque duela. Otras veces es arriesgarte, aunque no tengas certezas.
Ambas son válidas si nacen desde la calma, aunque asusten un poco.
Puedes probar este pequeño ejercicio:
Cierra los ojos, imagina que has tomado una de las opciones y observa cómo se siente dentro. Luego haz lo mismo con la otra. No busques una respuesta mental; solo nota cuál de las dos te deja más en paz. La serenidad suele ser una buena brújula.
Tomar decisiones es una de las formas más sinceras de crecer. Cada elección, incluso las que no salen como esperabas, te acerca a conocerte mejor.
No se trata de acertar, sino de atreverte a avanzar aunque no sepas el final.
Quizá no haya una decisión perfecta, pero sí hay una versión de ti que necesita moverse, experimentar, vivir. Y eso también es valentía.
Si sientes que tomar decisiones y cómo dejar de buscar la opción perfecta es un reto que puede resultar complicado, aquí puedes solicitarnos consulta para que podamos acompañarte en el camino de la mejoría.
Si quieres profundizar más, aquí tienes el vídeo donde te acompaño paso a paso: