«Qué hacer cuando me preocupo demasiado»
Hay días en los que desconectar la mente parece misión imposible.
Da igual lo que estés haciendo (cocinar, irte a la cama, leer, etc.) tu cerebro es una máquina de preocupaciones que no cesan. Aparecen una detrás de otra, como si fuese una cola interminable de preocupaciones.
Un sin fin de «y si…» que no acaban nunca y no te dejan descansar la mente.
Esta situación resulta realmente agotadora a nivel físico y mental. Y aunque no te ocurre solo a ti, ha llegado el momento de tratar de hacer algo al respecto para cuidarte y ayudarte.
Qué hay detrás de las preocupaciones constantes.
Sé que no parece lógico, que las preocupaciones parecen irracionales y no tienen relación con nada de lo que te ocurre en la vida. Pero te aseguro que siempre hay una lógica.
La preocupación es un intento del cerebro por intentar controlar aquello que le genera incertidumbre.
Tu mente está tratando de protegerte (aunque no lo haga en absoluto). Ella trata de que estés preparado/a, que nada te pille por sorpresa.
Esta estrategia mental es útil en pequeñas dosis. El problema es cuando tu cerebro activa la alerta y se pone en marcha frecuentemente. No permitiendo hacer tu vida porque las preocupaciones te invaden en cualquier lugar y momento, resultan incontrolables.
Te sientes incapaz de no imaginar miles de escenarios catastróficos que probablemente nunca llegarán a ocurrir, pero que te impiden disfrutar y estar en el presente.
En terapia siempre digo a mis pacientes que al final es como dejar el motor del coche encendido todo el tiempo sin moverse, acaba por sobrecalentarse el motor y agota la batería.

¿Cómo puedo saber si me preocupo demasiado?
Algunas señales frecuentes son:
- Te cuesta concentrarte o descansar porque tu mente no para de pensar en “lo que podría pasar”.
- Relees mensajes o repasas conversaciones intentando asegurarte de no haber hecho nada mal.
- Tienes tensión muscular, dificultad para dormir o malestar físico sin una causa clara.
- Sientes que no puedes disfrutar de lo que tienes ahora porque siempre hay algo que “podría ir mal”.
- Antes de dormir o recién te despiertas, tu cabeza empieza a pensar en todas las cosas que pueden ocurrir a lo largo del día o en momentos importantes cercanos.
Si te reconoces en varias de ellas, puede que hayas desarrollado un patrón de preocupación excesiva que merece atención y cuidado.
¿Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado?
El objetivo de este artículo, ni de una terapia psicológica, no es que dejes de preocuparte. La preocupación es sana y es necesaria, pero sobre todo es un acto humano. El objetivo es aprender a relacionarte con tus pensamientos y emociones de manera saludable.
Te dejo algunas estrategias que probar para ir aprendiendo qué hacer cuando me preocupo demasiado:
1) Tiempo dedicado a la preocupación.
La preocupación está necesitando tener un espacio. ¿Qué pasaría si eres tú quién elige el espacio que le das?
En psicología lo llamamos tiempo basura. Es decir, planificar en la agenda un tiempo diario (generoso) para las preocupaciones. De manera que, cuando las preocupaciones me invades, puedo apartarlas para pensarlas en la hora establecida.
Te recomiendo que no elijas el rato en la cama antes de dormir. Sino que cojas un papel y boli durante media hora o una hora entera (depende de la cantidad de preocupaciones que tengas y el tiempo que creas que necesitas) y te dediques a pensar y plasmar tus preocupaciones en un papel.
Tratar de apartarlas durante el día es más fácil si luego tienen un tiempo para escucharlas y acogerlas.
Evitar las preocupaciones o luchar contra los pensamiento solo nos lleva a tener pensamientos cada vez más intensos y más habituales.
2) Sustituye el «y si…» por el «qué puedo hacer ahora».
Pasa del pensamiento a la acción.
Tener miedo es normal, tomar decisiones es complicado. Tu cerebro está intentando protegerte para que no lo pases mal, pero a veces nos protege tanto que omite la posibilidad de que también podemos acertar y pasarlo bien.
Así que empieza a dirigir tu pensamiento hacia acciones sencillas y concretas.
¿Cuál es el siguiente paso que puedes o que tienes que dar?
Pueden salir muchas cosas mal y también muchas bien. Así que prueba a combatir todos los posibles «y si…» que aparecen por tu mente, por el siguiente paso que toca dar para alcanzar tu objetivo o tu meta.
3) Cuestiona la utilidad de tus preocupaciones.
La mente puede crear pensamientos por libre. Parece que va a su bola y que va en contra de lo que te viene bien.
Pero tú también puedes combatir lo que tu cerebro genera en solitario. Por ejemplo, qué pasa si empiezas a hablar con tus preocupaciones, a cuestionarlas.
¿A qué te ayuda esta preocupación? o ¿de qué está intentando protegerte?
¿Es realmente útil ese pensamiento? Si no lo es, ¿qué alternativas hay?
También puedes utilizar esta estrategia mental para aprender de la experiencia: ¿qué ha pasado en otras ocasiones? ¿Estos pensamientos han aparecido antes? ¿Me han ayudado o perjudicado? ¿Qué puedo hacer entonces?
Verás que las alarmas mentales y emocionales no son más que alarmas, nunca son normas que haya que cumplir. Ni verdades absolutas que adivinan el futuro.
4) Comparte lo que te pasa.
Hablar de lo que te pasa, compartir con otras personas que no sabes qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado y el malestar que esto genera.
Estoy convencida de que sentir el apoyo y el acompañamiento de personas que pueden hacerte sentir su cariño y comprensión puede ayudar mucho. Porque los problemas son menos problemas cuando los compartimos.
Recuerda que siempre puedes compartirlo con una psicóloga que te acompañe y ayuda a entender de dónde vienen estas preocupaciones y cómo aprender a lidiar con preocuparse demasiado.
¿Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado?
Las preocupaciones no te debilitan, te convierten en un ser humano.
El problema es cuando la preocupación te atrapa, lo ocupa todo y no te permite continuar con tu vida y con tu día a día.
En terapia trabajamos para entender por qué tu mente se activa tanto, aprender a regularla y vivir con más calma y presencia.
Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia: no se trata de apagar tus pensamientos, sino de que dejen de tener tanto poder sobre ti.
Si te gustaría dar ese paso y aprender a soltar un poco el control que tanto te pesa, puedes pedir una primera cita en Serene Psicología.
Estás a un solo paso de empezar a sentirte más en paz contigo y con tu mente.
