Cuando nunca es suficiente aparecen muchos sentimientos de frustración, de tristeza y de ansiedad. Suele ser una demanda habitual y poco reconocida al principio. Se esconde detrás de muchas otras peticiones de ayuda: personas muy productivas que no saben parar, personas con mucha ansiedad que no se sienten capaces de hacer nada, etc.

La realidad es que de base parece que es un factor común a gran parte del sufrimiento de las personas que acuden a consulta, pero también de aquellos que nunca llegan a solicitar ayuda profesional.

¿Por qué nunca es suficiente?

Para empezar, en algún sitio has debido aprender esto. Quizá nunca lo han dicho directamente, pero ha habido otras formas de expresar que o eres perfecto, o no será suficiente. Y, como nadie es perfecto, solo te queda una opción posible. Por mucho que lo intentes, siempre habrá algo que mejorar o algo que puedas intentar hacer para ser suficiente.

Y es aquí donde nace gran parte de ese dolor. La idea de que ser suficiente es ser perfecto, no fallar y hacer todo aquello que se espera de ti es imposible. Y te ves girando en una rueda que no tiene final, condenado al agotamiento y al sufrimiento. A emociones desagradables de insatisfacción, porque siempre podría haber algo o alguien mejor para ti. Y aparece la ansiedad y la falta de sueño, el sentimiento de frustración constante y la insatisfacción vital. Puede que empieces incluso a trasladar esto a las personas de tu entorno: pareja, hijos, amigos, padres, hermanos… A esa gente que se acerca a ti, de manera imperfecta, pero que sin saber bien porqué te resulta cada vez más insuficiente.

El problema de la exigencia.

Seguramente tengas un don para ver lo exigente que son los demás, pero no te has parado a mirar tu nivel de autoexigencia y la proyección que haces de la misma hacia las relaciones que te rodean. En especial hablaré de los hijos si los tienes o de tu pareja o parejas pasadas.

Párate un momento a pensar: ¿quién ha sido suficiente? ¿qué ha sido suficiente para ti? Entiendo que cuando una persona se exige demasiado, quiere la excelencia a su lado. Pero, ¿de qué sirve anhelar aquello que es imposible? ¿estás intentando buscar algo que nadie va a poder alcanzar?

El efecto sobre los demás.

Si hablamos de hijos te diré que los efectos que puede tener ser demasiado exigente con ellos son muchos. Para empezar, el colapso. Sentir que si nada de lo que hago se reconoce o siempre se puede dar más es posible que el cerebro infantil o adolescente comience a colapsar y la desmotivación se apodere de ellos. No digo que haya que alabar todo como si bastase con lo mínimo, me refiero a reconocer que detrás de esas pequeñas cosas hay un esfuerzo y reforzarlo es lo que hará que den un poco más de ellos mismo. Sin embargo, si este esfuerzo no es reconocido o va seguido de “pero puedes hacer un poco más”, sentiré que da igual lo que haga y dejaré de hacer.

Otro posible efecto es convertirme en un adulto perfeccionista, incapaz de tolerar el error propio o ajeno. Y ya te puedes imaginar que ocurre a ese tipo de adultos, porque todos hemos podido conocer a alguien así o incluso ser nosotros mismos.

Si hablamos de parejas, nunca nadie es suficiente. Siempre creerás que podría haber alguien mejor. Más guapo, mejor posicionado, más lo que sea. La cuestión es que igual toca pararse a pensar que si nunca es suficiente, el problema puede no estar en el resto. Sino es tus exigencias.

¿Qué hago cuándo nunca es suficiente?

¡Para! Eso lo primero de todo. Para a darte cuenta de las diferentes áreas de tu vida. Haz un circulo y divídelo en “quesitos”, como si fuera una tarta. Escribe en cada uno de los triángulos las diferentes áreas que forman tu vida, te dejo algunos ejemplos:

  • Pareja
  • Hijos
  • Familia
  • Amigos
  • Tiempo de ocio
  • Dinero
  • Trabajo
  • Salud
  • Tiempo en soledad

Puede haber otros, aunque esto son los principales. Ahora rellénalos en función del nivel de satisfacción que tienes en cada una de esas áreas. Párate a pensar si están equilibrados o si, por el contrario, hay algunos muy vacíos. Y valora si los que están generándote poca satisfacción son por algo en concreto, o simplemente por cosas que faltan simplemente para que sea perfecto. Observa si aquellos que te generan satisfacción llegan al máximo o ninguno ha sido rellenado entero, porque no es perfecto.

Para y observa, tu vida y tu entorno. Valora si aquello que está demandado es posible, si pueden darlo y si realmente se puede tener TODO lo que piensas. A veces reducir la autoexigencia pasa por aceptar y ajustar expectativas. Ver lo que cada persona me ofrece y valorarlo, puede que aquello que te dan esté bien pero no cumple tus imprescindibles. O simplemente puede que pedirle más pase por renunciar a otros aspectos. La gente no puede ser graciosa, guapa, trabajadora, detallista, generosa, cordial, educada, y un sinfín de cualidades positivas que a todos nos gustaría alcanzar pero que resultan imposibles en su máxima expresión.

Puede que la clave sea valorar si esa relación te hace sentir bien, en casa, en tu lugar seguro. O al menos aporta cosas positivas a tu vida. En tal caso, confórmate, porque lo que tienes no es fácil de encontrar.

La trampa del inconformismo.

Nos han educado en un mensaje tramposo: “no te conformes con nada”. Yo a esto le añadiría “no te conformes con nada y entonces serás un infeliz toda la vida”. Porque la vida va de eso, de conformarse con aquello que me genera tranquilidad. O con aquello que va en coherencia a mis valores personales.

Ni tú ni nadie va a ser nunca perfecto, así que confórmate con lo que los demás te ofrecen (siempre y cuando tenga unos mínimos) y con aquello que te ofreces a ti. No siempre hay que buscar ser la mejor versión de ti mismo.

Si te encuentras en este punto, te recomendaría reducir las obligaciones que se puedan parar. No pasa nada si no hacer deporte, si la casa no está perfecta, si llegas tarde o si no te has preparado esta reunión lo mejor posible. Recuerda que no tienes que llegar siempre a todo, que es fácil decirlo lo sé. Pero muy difícil hacerlo. Porque tiene un coste a pagar y es la culpa. Pero a largo plazo, haberte enfrentado a hacerlo mal y a equivocarte será un entrenamiento para saber aceptarte con tus más y con tus menos.

Porque puede que ya seas la mejor versión de ti, y no porque hayas alcanzado la perfección. Sino porque naciste y sigues siendo suficiente.

Recuerda que si necesitas ayuda para enfrentarte a esta u otras dificultades, el equipo de serene está para ayudarte.

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