El apego evitativo puede ser una de las causas de malestar tanto para las personas que lo tienen como para las personas que mantienen una relación sentimental con una persona que lo tiene.

¿Qué es el apego?

Imagina que cada persona nace con una mochila invisible. Dentro de esa mochila, al principio, no hay casi nada. Los padres o cuidadores son quienes van metiendo los primeros objetos: una manta que abriga cuando tienes miedo, una brújula que te orienta cuando te pierdes, una cantimplora que te da agua cuando tienes sed.

Si los cuidadores suelen estar presentes, atentos y cariñosos, esa mochila se llena de cosas útiles: confianza, seguridad, calma. Entonces, cuando creces, puedes caminar por la vida con la sensación de que, pase lo que pase, tienes recursos para apoyarte y también puedes aceptar ayuda de otros. Eso se conoce como apego seguro.

Pero si quienes te cuidaban a veces estaban y a veces no, o si te ignoraban o reaccionaban con dureza, puede que en la mochila falten algunas de esas herramientas. Entonces, de adulto, puedes sentir que confías poco, que te cuesta pedir ayuda o que vives con miedo de que los demás se vayan.

La buena noticia es que esa mochila no se queda cerrada para siempre. Aunque la llenaron otros al principio, ahora tú también puedes ir metiendo dentro nuevos objetos: con relaciones sanas, con experiencias distintas y, por supuesto, con la terapia.

¿Y el apego evitativo?

Una persona con apego evitativo suele tener una mochila que, de pequeña, no recibió casi nada de sus cuidadores. Cada vez que el niño extendía la mano buscando agua en la cantimplora (atención, cariño, consuelo)… la encontraba vacía. Con el tiempo aprendió: Mejor no pedir, porque no habrá nada dentro.

Así, para sobrevivir, decidió hacerse fuerte y caminar solo. Tapó el hueco de la cantimplora, guardó la brújula en el fondo y pensó: “Si no dependo de nadie, no me decepciono”. Y de adulto sigue llevando esa mochila aparentemente ligera: no pide ayuda, le cuesta mostrar vulnerabilidad, parece autosuficiente.

El problema es que, aunque camina erguido y da la impresión de no necesitar a nadie, en el fondo sigue teniendo sed y cansancio, pero ha aprendido a esconderlo, a no sentirlo. El apego evitativo no es falta de necesidad de los demás, sino un disfraz de independencia que surgió como protección cuando la mochila se quedó vacía demasiadas veces.

La terapia ayuda a abrir otra vez esa mochila, revisar lo que falta y atreverse a aceptar objetos nuevos que otras personas pueden ofrecer: confianza, cuidado y cercanía.

¿Cómo puedo saber si tengo apego evitativo?

El apego evitativo o ansioso no es algo que se diagnostique. Es una forma de relacionarse con las distintas personas.

Déjame que antes de nada te diga que todos tenemos varios estilos de apego. Depende de las personas con las que nos relacionemos. Se puede tener un estilo de apego u otro.

Por eso es posible que si crees tener un estilo evitativo, sus características no te representen en todas tus relaciones. Por ejemplo, con los amigos puede que tengas un estilo de apego más seguro que en tus relaciones de pareja.

Si sospechas de que en algunas relaciones de las que tienes puedes tener un estilo de apego evitativo, te dejo algunos aspectos que tienes que analizar:

  • La cercanía emocional: sueles sentir incomodidad cuando alguien se muestra muy afectuoso o dependiente de ti. Puede que te dé la impresión de que invaden tu espacio. Hay personas que se incluso llegan a enfadarse cuando otra persona se muestra demasiado afectiva o busca más intimidad de la que puedes tolerar.

  • La vulnerabilidad: tiendes a no compartir tus preocupaciones profundas, a guardártelas para ti y a resolver solo. Mostrar necesidad te puede hacer sentir débil o incómodo. Te cuesta tener conversaciones íntimas reales que hablen de ti, como si el hecho de que los demás vean tu interior fuese peligroso. Puede que a veces te abras y cuentes eso que te ocurre a nivel emocional y justo después necesites tomarte un descanso en esa relación.

  • La independencia: valoras mucho hacer las cosas a tu manera, y apoyarte en otros te resulta difícil, incluso si en el fondo lo necesitas. Puede que no tengas ganas de convivir con nadie, compartir tu espacio. Hay personas con apego evitativo que no toleran la posibilidad de dormir con alguien o de irse de viaje con su pareja. Tienen mucho miedo a compartir su espacio físico porque valoran demasiado su independencia.

  • Las relaciones: puede que disfrutes de la compañía, pero cuando alguien se acerca demasiado, sientes la necesidad de tomar distancia. Tus relaciones, sobre todo las íntimas, tienden a ser breves y poco exclusivas. Es tu manera de protegerte, de no necesitar, de no depende de nadie.

  • Con las emociones: a veces te cuesta reconocerlas o conectarte con ellas, prefiriendo distraerte o racionalizar. Vives la vida siempre ocupado, sin parar un momento y enmascarando tu miedo al malestar y a la dependencia desde el disfrute y la capacidad de aprovechar cada momento.

¿Se puede cambiar el tipo de apego?

Sí, rotundamente sí, el tipo de apego puede cambiar, y eso es algo muy esperanzador para trabajar en terapia.

El apego no es una etiqueta fija ni una condena: es una estrategia que aprendiste en la infancia para sobrevivir en tu entorno. Como cualquier estrategia, se puede revisar y actualizar cuando ya no te sirve.

Se trata de reaprender con nuevas experiencias. Dándose la oportunidad de relacionarse de una forma distinta, en la que te cuides a pesar de que cueste mucho y te haga sentir incomodidad.

Algunas formas en que esto ocurre:

  • Relaciones sanas y estables: estar con personas que te ofrecen apoyo constante, sin juicios ni abandono, ayuda a reprogramar tu “mapa interno”. Tolerar la incomodidad y la molestia que supone quedar de nuevo con amigos a quienes les has contado cosas íntimas y permitirles preguntarte por ello.

  • La terapia: el vínculo terapéutico es un espacio seguro donde puedes experimentar confianza, expresar necesidades y ser aceptado tal como eres. Un espacio donde se te respeta y se te expone a esos cambios paulatinamente. En Serene tenemos psicólogas que puede ayudarte en este camino, empiézalo hoy mismo aquí.

  • Autoconciencia: darte cuenta de tus patrones (ej. “tiendo a distanciarme cuando me siento vulnerable”) es el primer paso para elegir respuestas distintas. Es uno de los pasos más complejos pero más importantes para el cambio. Las personas tendemos a defendernos de lo que nos daña. Tenemos dificultades para reconocer, pero ser sincero con uno mismo es lo más importante.

  • Nuevas experiencias emocionales: atreverse a pedir ayuda, compartir algo íntimo y comprobar que no pasa nada malo, va actualizando la mochila con objetos que antes faltaban. En resumen, exponerse POCO A POCO a lo que te hace daño.

En resumen: el apego puede transformarse, no de la noche a la mañana, pero sí con experiencias repetidas de seguridad, cuidado y confianza.

Si compartes tu vida o intimidad con alguien que tiene apego evitativo.

Tengo que decirte que no está en tu mano cambiar a nadie. Cada uno es responsable de si quiere o no emitir un cambio en su vida.

Compartir tu vida con alguien que tiene apego evitativo puede ser un reto. Lo importante es entender que su distancia no significa falta de amor, sino una forma aprendida de protegerse.

Vivir con alguien con este apego implica un baile entre respetar su necesidad de espacio y ofrecer cercanía estable.

Recuerda que podemos ayudarte a lidiar con tu situación aquí.