«No me gusta mi trabajo»
¿Te has sorprendido alguna vez pensándolo? ¿Cómo se gestiona cuando cada lunes pesa más que el anterior?
Tal vez lo has dicho en voz baja, de camino al trabajo o mientras mirabas el techo el domingo por la noche. No estás solo.
Cada vez más personas sienten que su empleo no les llena, les drena o incluso les hace daño. Y aunque esto es más común de lo que parece, sigue siendo difícil hablarlo en voz alta.
No te voy a decir que lo dejes todo y te vayas a vivir a Bali. Pero sí voy a ayudarte a entender qué te está pasando, por qué te cuesta tanto tomar decisiones y qué puedes empezar a hacer hoy mismo para sentirte mejor.
¿Por qué no me gusta mi trabajo?
Hay muchas razones por las que puedes sentir rechazo o malestar hacia tu empleo, y lo primero que debes saber es que todas son válidas.
Algunas de las más frecuentes que escucho en consulta son:
- Te sientes estancado/a. Haces lo mismo cada día y sientes que no aprendes ni creces.
- No conectas con lo que haces. Tu trabajo va en contra de tus valores, tu forma de ver la vida o simplemente te aburre.
- El ambiente es dañino. Compañeros competitivos, jefes que desmotivan, críticas constantes.
- La exigencia te desborda. Tienes la sensación de que no llegas, de que todo es urgente y de que, aunque lo des todo, nunca es suficiente.
- Tu cuerpo te da señales. Dolores de cabeza, insomnio, agotamiento físico o emocional.
Y a veces no es una razón concreta. Es algo más difuso: una sensación constante de apatía, de desconexión, de “esto no es para mí”.
¿Por qué cuesta tanto cambiar?
Todo el mundo te recomienda que busques otro empleo, pero te cuesta dar el paso. Y es normal.
No es porque seas débil, ni porque no quieras cambiar.
Tu cerebro tiene una misión importante en la vida: protegerte de posibles peligros. Y cualquier cambio, incluso uno que podría hacerte bien, es interpretado como un riesgo. Por eso aparecen los “y si…”, la culpa, el miedo a arrepentirte, el vértigo de lo desconocido.
Esto se llama disonancia cognitiva, y es uno de los principales bloqueos cuando queremos tomar decisiones importantes.
Se puede resolver, cuando gestionas las emociones asociadas al cambio. Cuando logras que cerebro y corazón estén alineados en la idea del cambio.
También puede ocurrir que el cambio te cueste porque sientes que nunca es el momento adecuado para dejar a la empresa «tirada».
Una elevada sensación de compromiso puede estar quemándote y generando esas emociones que tanto te pesan. Y, al mismo tiempo, es lo que te limita para dar el paso hacia adelante.

¿Por dónde empiezo cuando no me gusta mi trabajo?
Vamos a ir de lo más sencillo y asequible a lo más costoso. Los pasos para el cambio se dan poco a poco, recuerda que Roma no se construyó en un día.
Te voy a pedir que seas compasivo en todo momento. Que no te tomes esto como una obligación, porque entonces el malestar solo irá a más. El cambio es un proceso que requiere dar algunos pasos.
Empieza por lo siguiente:
1. Nómbralo sin culpa.
Admitir que no te gusta tu trabajo no te hace desagradecido/a ni egoísta. Te hace honesto/a contigo mismo/a.
Te dirán que a nadie le gusta trabajar, y tienen razón. Pero una cosa es no gustarte y otra muy distinta es sentir que el trabajo se lleva toda tu energía y bienestar.
Si cada domingo tienes ansiedad desmedida, igual toca explicar en alto lo que te ocurre y hacerlo con las personas que sientes que pueden entenderte y ayudarte.
2. Escucha lo que sientes.
Las emociones son mensajes. ¿Qué puedes estar necesitando?
Analiza los motivos de tu malestar. ¿Por qué aborreces tanto este empleo? Quizá entendiendo los motivos de esa carga emocional que soportas puedas tomar decisiones que te motiven y no den tanto miedo.
El cuerpo es el lugar en el que las emociones se manifiestan, así que te invito a que no te pierdas la información que tiene que darte porque va a ser muy importante.
3. No tomes decisiones desde el agotamiento.
Cambiar de trabajo, emprender o incluso pedir una baja necesita energía. Si ahora estás quemado/a, céntrate primero en cuidarte.
Empieza por lo básico como dormir las horas necesarias, comer adecuadamente y hacer ejercicio de manera regular. Si esto implica dedicar menos tiempo al trabajo del que el trabajo exige, quizá estemos encontrando la raíz del problema.
4. Habla con alguien que no te juzgue.
Ese amigo que sabe entenderte o que pasó por lo mismo hace un tiempo. Esa hermana que nunca te dice lo que tienes que hacer, pero es capaz de escuchar y empatizar con lo que te ocurre.
O quizá ha llegado el momento de pedir una cita con una psicóloga que evalúe lo que está ocurriendo y te ayude a empezar a entender lo que te frena a dar un paso diferente.
No te resignes.
Estás a tiempo de sentirte mejor
Si has llegado hasta aquí es por algo. Puede que tu cuerpo y tu mente estén pidiendo a gritos un cambio. Y aunque ahora te parezca imposible, quiero que sepas esto: no estás roto/a, no estás solo/a y no es tarde.
A veces el primer paso no es cambiar de trabajo. Es empezar a mirar lo que sientes con compasión y sin juicios.
Un cambio es más sencillo si regulas las emociones asociadas a ello. Empieza hoy mismo a entender tu mundo emocional para poder hacer un cambio en cualquier ámbito de tu vida.

¿Quieres empezar a cuidarte de verdad?
En Serene acompañamos a personas como tú: que lo han intentado todo para sentirse mejor, pero siguen sintiéndose vacías por dentro. Si sientes que ha llegado tu momento, estaremos encantadas de acompañarte.
Puedes pedir una llamada informativa aquí para valorar si somos las personas indicadas para ayudarte.
No tienes que resignarte a estar en un trabajo que no te gusta, existe una salida a ese malestar tan abrumador que sientes.