No me gusta viajar. Y creo que debería gustarme. A todo el mundo le gusta.
¿Te suena? A mi sí.
Durante mi recorrido como psicóloga me han pedido ayuda muchas personas a las cuales no les gusta viajar y consideran que es algo que deberían cambiar.
¿Cómo? ¡Pero si viajar es lo mejor!
Pues como lo oyes.
Mi abuela decía que «para gustos los colores», lo que aplica también a las aficiones o al ocio.
¿Cuándo viajar se ha convertido en una obligación? Parece que las personas a las que no les gusta viajar tienen un problema que deben resolver.
Pero la realidad es que es una afición como cualquier otra. Así como existen personas a las que no les gusta el fútbol, bailar o salir a correr; existen personas a las que no les gusta viajar.
Y hay que respetarlo.
No, no me gusta viajar.
Bueno, pues no pasa nada.
Otra cosa es que tengas que viajar porque te obliga tu trabajo. En tal caso, tendremos que buscar la manera de que viajar no te resulte un sufrimiento.
El problema no está en que no te guste viajar. El problema está en que el entorno no te permite poder verbalizar y no valida que no te guste viajar.
Y es que viajar puede ser un afición que te guste en menor cantidad que a otras personas, que te guste solo si lo haces en condiciones óptimas para ti.
No tiene que gustarte viajar de cualquier manera o a cualquier precio. No tienes que dedicar todo tu tiempo libre y ahorros a viajar. Porque quizás a ti, que lees este blog, lo que realmente te gustaría son otras cosas.
El primer paso que te recomiendo es que lo pongas en alto con orgullo y convicción.
No hay nada de lo que avergonzarse. Si existe gente a la que no le gusta el chocolate, puedes existir con libertad y tranquilidad no gustándote viajar.
Respetarte es mejor que obligarte.
Ya sé que te encantaría disfrutar de viajar. No sentirte un bicho raro y formar parte de la masa.
Pero es que cada vez que te obligas a que te guste, estás descuidándote. Y eso acaba generando problemas de ansiedad ante la idea de viajar.
El primer paso a dar es reconocerlo y validarlo. Porque en la medida en la que aprendas a validar ese gusto, los comentarios ajenos pasarán desapercibidos.
El segundo paso es poner límites a las personas que no sepan respetarlo. Tanto si es la persona que te gusta y a quien estás conociendo, como si es tu pareja de hace años, nadie tiene derecho a opinar sobre tus gustos o elecciones.
El tercero es aceptarlo y elegir por quienes y en qué situaciones podrías hacer el esfuerzo de viajar. Puede que no te importe viajar en coche, o irte pocos días. Otras personas se sienten cómodas si tienen el hotel bien situado.
Cada uno puede elegir condiciones que le cuiden y le generen menos estrés. Lo que no es una opción es pretender hacer algo que no te guste, obligarte a que te guste y, encima, disfrutarlo.
A medida que te respetes y valides, mayor será la posibilidad de disfrutar algunas partes del viaje.
Viajar es estresante.
Para todos, sin excepción.
Hacer maletas, salir a una hora de casa, pasar controles de seguridad, subir en avión o tren, o quizá conducir… Todo lo que implica un viaje genera un nivel de estrés en el cuerpo.
Incluso en aquellas personas que viajan a menudo.
Entonces, ¿por qué a mi no me gusta viajar?
Probablemente tenga que ver con una cierta intolerancia a sensaciones. Puede que no te guste sentir ciertas sensaciones corporales propias del estrés. Y que viajar las active.
Recuerdo un hombre que vino a consulta porque no le gustaba viajar. Le generaba grandes ataques de ansiedad. Resulta que en su vida no había ninguna otra emoción desagradable.
Viajar no se convirtió en su pasión, simplemente aprendió a comprender sus sensaciones y tolerarlas de una manera diferente. Fue capaz de irse a otro continente por trabajo y disfrutarlo.
Siempre asumiendo que viajar es una actividad que nos estresa a todos.
La diferencia es que hay personas que interpretan ese estrés como emoción y otras personas que lo interpretan como algo intolerable.
Otro de los motivos que puede hacer que viajar sea un sufrimiento tiene que ver con que no toleres el descontrol. Las personas un poco controladoras suelen tener dificultades a la hora de enfrentarse a nuevos escenarios en los que no pueden predecir lo que ocurra.
Pero es que a mí me da miedo viajar.
El miedo a viajar no es solo miedo a viajar.
Detrás de ello hay mucho más.
En cada persona puede venir de un lugar diferente. Para eso está el proceso individualizado de evaluación y tratamiento que hacemos en los procesos de terapia de Serene Psicología.
Porque si algo tenemos claro es que una cosa es validar y asumir que hay determinadas aficiones que se imponen, pero que no pueden gustarle a todo el mundo.
Y otra muy distinta es sentir que afrontas con miedo y ansiedad desmedida actividades rutinarias y que anhelas poder hacer con calma.
Aunque, ojo, muchas veces viajar con calma no implica disfrute. Porque las emociones son una cosa y los gustos otra diferente, pero que en el fondo se unen.
Pero sobre todo no permitas que el ocio se convierta en una obligación.

