“Mi hijo adolescente me falta el respeto cuando le digo que no puede hacer algo. No sé qué hacer para que deje de hacer esto.”
Este es un problema en el que te puedes encontrar como padre. Tus hijos van creciendo y tú no tienes que saber hacer frente a todas las situaciones que te encuentras en la crianza. Si estás en este momento, podemos ayudarte.
La adolescencia.
La adolescencia es un momento de cambio. Hay cambios a todos los niveles, tanto social, hormonal, emocional y cerebral.
Es un momento en el que las redes neuronales sufren lo que se denomina como poda sináptica. Esto conlleva una bajada en el estado de ánimo que puede reflejarse en estallidos de ira o impulsividad. Forma parte del desarrollo cerebral propio de esta etapa de maduración.
Su cerebro ha empezado a especializarse y aparece la construcción de la identidad. También hay otra serie de cambios a nivel social, pasando de vivir únicamente en el núcleo familiar a ganar importancia las relaciones con los iguales.
Es decir, la adolescencia supone un cambio a nivel del mundo afectivo personal de tu hijo. Todo esto ocurre en un momento en el que su corteza prefrontal (encargada de la toma de decisiones, por ejemplo) todavía es inmadura.
Cambios de actitud.
Como decíamos, el cerebro de tu hijo está expuesto a numerosos cambios. Pero también a nuevas influencias. Los iguales están ganando mucha importancia en su vida y en su forma de ver el mundo. Esto genera opiniones propias (que pueden ser poco flexibles) y que pueden llevar a peleas o discusiones acerca de los límites marcados.
En estos momentos muchos padres sienten que han dejado de ser importantes para sus hijos. Esto es falso. Sigues siendo importante para ellos, pero ahora hay nuevas personas que también los son. Personas con normas y formas de ver el mundo diferente a la tuya.
Las faltas de respeto
Lo primero a tener en cuenta es el hecho de que los adolescentes faltan el respeto debido a su inmadurez cerebral. Recuerda que son muy impulsivos y todavía incapaces de contener sus emociones para dar respuestas reflexionadas. Ellos pasan directamente a la acción.
Además, el momento de separación de los padres ha comenzado. Por su momento evolutivo, puede separarse un poco más de sus cuidadores principales. Esto genera el final de la relación admirativa con los padres para poder marcharse de casa en un futuro. Así está “programado” en su desarrollo evolutivo. Necesitan individualizarse.
Cuidado con ser muy autoritario.
Los adolescentes criados a través de una educación muy autoritaria son más propicios a tener faltas de respeto con sus padres. Estos adolescentes sienten que para ser escuchados y poder expresar sus necesidades solo pueden hacerlo a través de comportamientos violentos o su punto de vista no se tendrá en cuenta.
Los niños criados en un entorno sin límites, también pueden ser tendentes a tener faltas de respeto con sus padres. Al llegar la adolescencia pueden considerar que todos los comportamientos son válidos.
Utilizar un estilo de educación democrático, en el que se escuchan las necesidades y deseos de los hijos y se establecen límites claros y ajustados no asegura que no te vayan a faltar al respecto. Pero es menos probable que esto ocurra.
Qué hacer cuando me falta el respeto.
El hecho de que las faltas de respeto sean un problema habitual en la adolescencia no significa que haya que dejarlas pasar como si nada hubiera ocurrido.

Es importante tener en cuenta por qué ocurren para poder ser lo más compasivos posible. En esta situación recuerda que la única corteza cerebral en funcionamiento es la tuya. Algunas pautas a tener en cuenta son:
Mantén la calma.
Es la parte más complicada. Sobre todo, si el hecho de que tu hijo te falta el respeto es algo que toca especialmente con la forma de entender la educación. Pero en todo momento es importante que trates de mantener la calma.
El adulto en esa conversación eres tú y tu hijo es un adolescente sin capacidad de mantener una actitud reflexiva. Cuando veas que vas a perder el control, vete a otra habitación respira y vuelve cuando te sientas más en control. Actúa de modelo.
No faltes tú el respeto a tu hijo.
Como decíamos, eres el principal modelo de tu hijo. Así que tanto en estos momentos como en otros recuerda que es importante actuar con ellos como quieres que actúen contigo. No puedes enseñarle a no gritarte cuando tú le gritas siempre que algo que hace no te parece bien.
Es importante mantener la calma y, en muchas ocasiones, morderte la lengua. Decir cosas cuando estás enfadado puede ser muy dañino para el otro. Mantén el nivel de maduración como adulto, no cayendo en las mismas trampas que el adolescente está cayendo.
Cuando las cosas estén más tranquilas podrás explicarle el efecto que sus faltas de respeto tiene en ti de manera respetuosa. Si haces esto cuando todavía está muy alterado, su cerebro se defenderá puesto que no tiene la capacidad de asimilar lo que estás diciendo.
Ten una conversación luego.
Uno de los principales errores que se pueden cometer como padre es no hablar de los motivos de discusión una vez ha pasado la tormenta. Es normal que tengas miedo a desatar una nueva discusión si hablas de aquello que ha generado un conflicto.
Posponer una conversación es evitarla. Es importante que le transmitas a tu hijo adolescente que no mereces ese trato que has recibido y que, por tanto, no vas a tolerarlo.
Es importante recordar los límites, aunque ya los conozca, para que sepa qué ha sobrepasado uno de ellos. Puedes poner consecuencias al respecto de la actitud que ha tenido.
Escucha lo que tiene que decir
Si tu hijo adolescente se ha enfadado mucho ante un límite o una situación concreta es importante poder atender a lo que le está ocurriendo. Escucha aquello que te dice en el enfado y no te quedes solo con la falta de respeto.
Por ejemplo, si tu hijo está muy enfadado porque la hora de volver a casa que has establecido es anterior a la de sus amigos. Quizá lo que le da miedo es perderse cosas o incluso quedarse excluido del grupo de referencia. La pertenencia es muy importante y es más productivo que en la conversación posterior le puedas explicar tu punto de vista o incluso negociar una hora distinta aquellos días en los que haya algo especial.
El hecho de que tu hijo tenga algunas actitudes violentas no hace que sea una persona que te quiera menos. Recuerda que puedes hablar de las actitudes que tiene, pero no hacerle sentir que ha perdido tu cariño y respecto.
Si las actitudes violentas son muy recurrentes y te resultan incontrolables, no dudes en ponerte en contacto con un profesional que pueda orientarte.
