Ser introvertido: ¿virtud o defecto?

Cuando ser introvertido te cansa.

Te asaltan dudas cada día. No sabes si lo que te pasa es normal o no.

Miras alrededor y ves personas con ganas de salir, dificultades para estar sol@s y quedarse en casa.

Y tú, no sabes si eres raro o es que la gente se esfuerza más que tú.

El caso es que cuando haces planes sociales, te casas. Parece que tu energía se consume y te deja sin fuerzas para nada más.

Y adoras pasar tiempo en soledad, en tu casa, en tu refugio. No tienes ganas de hacer mil planes, no tienes ganas de ver a todo el mundo. Porque cada plan que haces (incluso cuando los disfrutas) te consumen más recursos de los que tienes.

No hay nada malo en esto. El problema es que tú dudas de si deberías hacerlo diferente, si tendrías que cambiar o hay algo que estés haciendo mal.

Ser introvertido no significa que no te importen los demás.

Por supuesto que no.

Lejos de eso quieres mucho a tus amigos, a tu gente.

Lo único que no tienes tanta necesidad de verles a todas horas. Estás a gusto en tu casa, haciendo tus cosas y en soledad.

No tienes la imperiosa necesidad de estar rodeado de gente todo el tiempo, o haciendo un montón de planes sociales. Al contrario, con unos pocos te basta.

Ya sé que esto afecta directamente a tu autoestima.

Puede que incluso haya afectado a algunas relaciones personales que te importan. La cuestión es entender que no hay nada que tengas que hacer diferente, sobre todo cuando forzarte te consume y te genera malestar.

Ser introvertido no es ser tímido.

Muchas personas creen que las personas tímidas son introvertidas, pero no es lo mismo.

La timidez parte del miedo, mientras que la introversión parte de la elección.

Alguien tímido se mantiene en silencio por miedo al juicio, porque siente mucha ansiedad ante las interacciones sociales.

Alguien introvertido elige no hablar, muchas veces está disfrutando de escuchar. No tiene la necesidad de decir nada y no lo dice.

Esto, lejos de ser un signo de inseguridad, implica confianza y seguridad. Tanto en uno mismo como en el entorno con el que estás compartiendo.

El problema de mezclar estos dos conceptos es que se acaba generando una inseguridad a las personas introvertidas con su forma de ser. Como si tuvieran siempre que hacer algo diferente, como si ser como eres estuviera mal.

Cuando ser introvertido se convierte en un castigo.

Te han enseñado que tu forma de ser está mal. Y ahí estás tú luchando desde hace años con tus gustos y tus elecciones, tratando de ser más sociable y de tener más ganas de salir y ver gente.

Pero por mucho que te fuerzas, lo único que consigues es agotarte mental y emocionalmente.

Muchas personas introvertidas, como tú, han aprendido a esforzarse. A simular algo que no son porque lo que hacen de manera natural «no está bien».

El problema es que las personas del entorno y, seguramente, quienes te educaron te enseñaron que tienes que ser diferente. Y tú, te lo has acabado creyendo.

El mensaje detrás de ese miedo que los padres tienen a los introvertidos es claro: tu forma de ser es peligrosa. Y has acabado con un problema de autoestima.

Así que deja de castigarte porque tu forma de ser es la que es. No elegiste que los planes sociales te saturen y consuman.

Ha llegado la hora de empezar a demostrarte que puedes ser introvertido y feliz. Además de ganar seguridad en ti.

¿Cómo ser feliz e introvertido?

Es hora de empezar a cambiar el mensaje.

1. Habla con tu entorno.

Sobre todo con las personas que más te importan.

Explícales que tú no tienes tantas ganas de salir a ciertos ambientes, ni todos los días del fin de semana.

Analiza lo que te agota y comunica a tus amigos cercanos que no disfrutas de todo esto. No para que cambien sus planes, sino para que entiendan que no te pasa nada con ellos cuando no vas.

Es hora de empezar a reconocer con sinceridad las cosas que te gustan de las que no, para así poder elegir a qué cosas asistir y a cuáles no.

Avisar al entorno ayuda a reducir enfados, comeduras de cabeza y conflictos innecesarios.

Quien bien te quiere, sabrá entenderlo.

2. No justifiques tus faltas.

Empezar a respetarte implicará faltar a ciertos planes.

No significa que no puedas hacer esfuerzos nunca más. Las amistades requieren esfuerzo, sobre todo en días especiales para las otras personas.

Pero cuando faltes no tienes que justificarte. Simplemente tienes que avisar de que no vas a ir, sin más explicaciones.

El hecho de haberle contado a tu entorno como te sientes y cómo estás al respecto es la manera de sentir tranquilidad cuando no vayas.

Justificarte te manda el mensaje de que no puedes hacerlo sin un motivo de peso. Aprender a decir «conmigo no contéis» y punto ayuda a tu autoestima a sentir que esto es suficientemente válido.

3. Prioriza calidad frente a cantidad.

Una de las cosas más complicadas de entender y respetar a los introvertidos es el número de ausencias.

Socialmente está la norma de tener que ir a todo. Pero también existen personas que saben valorar la calidad más allá de la cantidad.

Si eres introvertido, es normal que los planes sociales consuman tu energía. Pero también es cierto que vas a necesitar tenerlos de vez en cuando.

Puede que no en la misma cantidad que el resto de amigos que tienes, y no pasa nada. Simplemente tienes que elegir ir cuando y a donde sienta que puedes disfrutar y enriquecerte de la vida social.

Y cuando sientas que has llegado a tu tope, que el plan no es para ti o que tienes las baterías casi agotadas irte a casa a disfrutar de tu mundo interior y de tu tiempo.

La salud mental del introvertido.

Ser introvertido NO es un problema de salud mental.

Tampoco es algo que haya que cambiar. Así que antes de ir a un psicólogo a que te ayude (a ti o a tu hijo) a ser más extrovertido, párate a pensar.

El problema no está en ser introvertido, sino en no saber respetar tu introversión.

Si necesitas ayuda para respetarte, para diferenciar si es miedo o introversión o, quizá, para dejar de juzgarte por ser introvertido aquí podemos ayudarte.

No queremos corregir tu forma de funcionar, simplemente hacerte sentir cómodo contigo mismo.