La hipocondría afecta a casi un 10% de la población.
Si vives con una sensación permanente de algo grave te ocurre, te pone en alerta cada una de las sensaciones corporales que tienes, te haces mil pruebas médicas para encontrar qué está ocurriendo (pero ninguna te da claros resultados). No eres un exagerado ni estás «llamando la atención». Lo que te pasa tiene un nombre y es hipocondría.
No aparece porque seas mentalmente débil, o demasiado «preocupón». Aparece cuando tu cabeza malinterpreta las señales emocionales del cuerpo y busca una causa física. El cuerpo trata de manifestar el malestar que siente, pero no sabe cómo expresar.
¿Qué es la hipocondría?
El problema de la hipocondría no es, como se cree, el miedo por la salud. El verdadero problema es la hiperfocalización de las señales corporales.
Las sensaciones normales (palpitaciones, sudores, agitación corporal, etc.) se interpretan como graves o peligrosas.
Y entonces entras en bucle.

El problema no es la sensación física en sí sino la interpretación que haces de ella y la menor tolerancia a la incertidumbre que vas teniendo cada vez.
Cuanto más tratas de resolver el problema con información y comprobaciones, más incrementas el verdadero bucle de la hipocondría. Y ese bucle genera niveles de ansiedad más altos cada vez y en menos tiempo.
¿Por qué aparece la hipocondría?
No, no estás loco ni es un problema que aparezca de la nada. La realidad es que la hipocondría es un traslado del malestar emocional al cuerpo.
Cuando te resulta más sencillo mentalmente creer que está enfermo o incluso que te estás muriendo, antes que reconocer lo que está pasando emocionalmente por tu cabeza, ahí es donde se establecen los pensamientos de hipocondría.
Los motivos de porqué una persona recurre a estrategias que acaban generando un problema de ansiedad con la salud son muchos. Normalmente tienen que ver con las herramientas que has adquirido a lo largo de tu vida. Algunos motivos habituales suelen ser:
1. No aprendiste a reconocer tus señales emocionales.
Cuando has crecido en un hogar en el que todo lo emocional era un motivo de desborde o de invalidación y, sin embargo, cuando lo que estaba pasando eran señales de enfermedad los adultos responsables eran cariñosos, cercanos y comprensivos.
En esos casos es posible que hayas aprendido a interpretar todas las señales como señales de enfermedad.
Sin embargo, lo emocional no tiene espacio en tu cabeza porque nadie te enseñó que ese dolor de estómago puede que fuesen nervios o que ese dolor de cabeza podía ser tensión acumulada.
Cuando has crecido en un hogar donde el abrazo llegaba más tarde que el medicamento. Puede que ahí se empezasen a conformar tus creencias de hipocondría.
También puede ocurrir que hayas ido creciendo a lo largo de tu vida aprendiendo a meter todas tus emociones debajo de la alfombra. Considerando que no son importantes y el cuerpo, que es muy sabio, haya decidido que si no haces caso cuando te lo pide por favor, tendrá que gritar. Y ahora, ante la mínima sensación, sobrerreacciona.
2. No tienes límites.
Tú siempre puedes con un poquito más. Parece que incluso te gusta ir a tope.
Corriendo a todos lados y diciendo que no es para tanto. Invalidando todo lo que sí haces y poniendo el foco en esa pequeña parte que no logras alcanzar, en lugar de lo que sí haces.
Los niveles de exigencia elevados, sin límites. Como si una persona humana pudiera llegar a todo sin resentirse, como si fueras una máquina. Eso puede acabar generando sensaciones corporales alarmantes, sin una causa física.
De hecho es habitual que en estos casos la hipocondría recurra a pensamientos de infartos o similar. Porque el cuerpo tiende a generar sensaciones que logran pararte de verdad.
3. Has normalizado el estrés.
Como decía antes, cuando no haces caso a las señales del cuerpo. El cuerpo encuentra vías mucho más agresivas para que le hagas caso.
Recuerda que no le ganarás nunca la partida al cuerpo. Si tú apuestas, él apostará un poco más fuerte.
Si te empeñas en ignorarle, ten por seguro que te acabará gritando fuerte para que le hagas caso. Y si cuando grita sigues ignorándole, acabará generando sensaciones de parálisis que rompan con tus estrategias.
No vas a poder ganar a tu instinto de supervivencia. Porque el cuerpo está intentando protegerte y no hacerle caso hará que encuentre otras vías para avisarte.
Él solo está intentando cumplir con su misión.
¿Cómo trabajamos en terapia la hipocondría?
Si partimos de la hipótesis de que la hipocondría es un mal reconocimiento emocional. No una alarma real que indique que te estás muriendo.
A veces no sabes si estás cansado, triste, enfadadao o sobrepasado… pero sí notas opresión en el pecho, nudo en el estómago o mareo.
El cuerpo habla en sensaciones. La emoción necesita traducción.
Cuando esa traducción no ocurre, la mente intenta darle sentido desde el lugar que conoce: el peligro físico.
Por eso no basta con “tranquilizarte” o decirte que “no es nada”. Si el malestar emocional sigue ahí, el cuerpo seguirá buscando formas de expresarlo. Y los pensamientos hipocondriacos seguirán presentes.
Hay que aprender a buscar el origen de esa sensación y la necesidad que lo acompaña.

Consejos prácticos para la hipocondría.
1. Aprende a enfocar correctamente.
Cuando aparece esa sensación corporal te preguntas si es algo grave. Buscas en internet si es cáncer o un infarto.
Prueba a preguntarte «¿qué estoy necesitando?»
El cuerpo te está enviando un mensaje porque está necesitando algo, así que te pido que lo recibas como tal.
2. Reduce la comprobación.
Que no genera más que ansiedad. Aunque a corto plazo parece que te calma, a la larga no hace otra cosa que dañarte.
Es una solución que se convierte en problema.
3. Escribe un diario emocional.
Todos los días repasa tu día y las emociones que han aparecido.
Circunstancias agradables y desagradables del día. Cuando aparezcan esas sensaciones observa si llevas tiempo acumulando emociones desagradable o si coinciden con un acontecimiento o sensación ese día.
Por ejemplo, la soledad es una emoción que puedes ignorar y aparecer en formato de pensamientos hipocondriacos.
Pide ayuda si lo necesitas.
Si te has sentido identificado leyendo esto, no es casualidad. Probablemente tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte algo.
👉 En Serene Psicología podemos ayudarte a entender lo que te ocurre y a recuperar una relación más tranquila y segura con tu cuerpo y tus emociones.
Puedes pedir información sin compromiso y contarnos tu caso. Estaremos encantadas de acompañarte en este proceso con respeto, cercanía y sin juicios.
A veces, empezar terapia no es hacer más…
Es, por fin, empezar a escucharte.