Una de las preguntas que más te asaltan la cabeza cuando tienes y vas a tener un hijo es «¿Cómo voy a ser una buena madre?»
Ser madre es una de las experiencias más gratificantes que existen. Pero también una de las más retadoras. No existe un manual sobre la madre perfecta, porque cada hijo es un mundo y lo que funciona para unos no funciona para otros. Podemos extraer aspectos generales de la crianza, basándonos en las necesidades básicas de los menores a lo largo del crecimiento. Pero no existe un manual en el que paso por paso podamos asegurar que tus intenciones son las que tu hijo recibe.
Lo primero y más importante es: ser una buena madre no es ser una madre perfecta. ¿Imaginas qué presión tener una madre que no comete jamás un fallo? El nivel de autoexigencia con el que creceríamos sería totalmente abrumador. Tener un modelo perfecto no es beneficioso ni recomendable para una criatura. Tener de referente alguien que comete errores, lo reconoce y pide disculpas si es necesario es mucho mejor que un referente de perfección.
¿Entonces? Basta con ser una madre suficientemente buena. Y vamos a hablar de consejos generales que pueden acercarte a tus hijos. Pero recuerda que a veces necesitamos un tratamiento personalizado para las dificultades con las que te estás encontrando en el proceso de crianza.
Algunas herramientas para ser una buena madre.
Conecta emocionalmente con tus hijos.
El vinculo emocional entre madre e hijo es esencial para el desarrollo de un niño. Pasar tiempo de calidad con tus hijos, fomentar los momentos de conexión, mostrar interés en su vida y sus actividades y escucharlos atentamente puede ayudarte a conectar emocionalmente con ellos.
Aquí entra en juego un factor importante y limitante a partes iguales: el tiempo. El tiempo que tienes disponible para dedicar atención plena a tus hijos no siempre es el que te gustaría. Sin embargo, es mejor algo que nada. No esperes al fin de semana para hablar, dedica un rato antes de irte a dormir para charlar de las cosas que os han pasado en el día. También puedes preocuparte de hacer las cenas conjuntas, aunque tu hijo cene pronto. Y de esta manera crear un vínculo familiar diario.
Establece límites claros y conscientes.
Los hijos necesitan amor, igual que un bizcocho necesita calor para hacerse. Pero también necesitan límites, como el bizcocho necesita levadura.
Los límites permiten crecer en un entorno seguro y predecible. Por ese motivo, tienen que ser límites conscientes y constantes. Todos podemos pasar un día por alto alguna norma, pero en general necesitan saber que los límites son siempre los mismos. Estos límites ayudan a los niños a conocer los comportamientos aceptables y los que no lo son tanto.
A la hora de establecer límites establece una normas claras y conocidas por todos los miembros de la familia, sé consistente a la hora de aplicarlos y de aplicar sus consecuencias y recompensa y reconoce cuando las actitudes son las correctas.

Fomenta la independencia y la autonomía.
A medida que los hijos crecen, van ganando herramientas propias para enfrentarse al mundo. El miedo a que le pase algo a tu hijo es muy normal en todas las madres. En estos casos es importante encontrar el equilibrio entre la protección y la sobreprotección, para lo que tengo que poder atender mis propias emociones y no actuar para relajarme a mí, sino priorizando el bienestar y las necesidades de tu hijo (que no los deseos).
Para vencer estos miedos y la idea de que tu hijo hay cosas que no va a poder hacer, puedes empezar asignando tareas propias de su edad en casa. Observa su desempeño y permite que cometa errores. Mira cómo se enfrenta a las dificultades que esa tarea entraña y qué habilidades tiene para superar los obstáculos.
Te dejamos un pequeño regalo para ayudarles a resolver conflicto.
Practica la comunicación honesta y abierta.
Recuerda que esto debe hacerse de forma bidireccional. Una comunicación abierta y honesta establece una base de confianza que es crucial para una relación saludable entre madre e hijo. Fomenta un ambiente donde tus hijos se sientan cómodos compartiendo sus pensamientos y sentimientos sin temor a ser juzgados.
Las conversaciones que suceden en el seno de la familia son el mejor lugar para incorporar a los hijos. Habla delante de ellos e invítales a participar. Habrá situaciones en las que lo hagan y otras en las que quizá no les apetezca nada. Pero escuchar es un componente esencial para aprender.
Ser una buena madre no pasa por ser perfecta.
Ser una buena madre no significa ser perfecta, sino estar presente, ser amorosa y estar dispuesta a aprender y crecer junto a tus hijos.
Se trata de priorizar el vínculo por encima de los comportamientos propios de la «educación» y poder detectar cuándo uno de tus hijos puede estarlo pasando mal. Cada día es una nueva oportunidad para fortalecer el vínculo con tus hijos y guiarlos hacia un futuro saludable y feliz. Con amor, paciencia y dedicación, puedes ser la madre que tus hijos necesitan y merecen.
No tienes que cumplir una serie de requisitos, ni preocuparte de cómo lo haces o cómo deberías hacerlo. Observa qué le llega a tu hijo, qué puede estar necesitando y dónde crees que nota la falta. No vas a llegar a todo y tampoco es lo que se espera de ti. Se trata de ser una madre suficientemente buena, que esté presente y disponible. Pero también que sepa hacerse cargo de las situaciones que requieren firmeza y límites.
Si siente que la maternidad te supone muchas dudas y malestar, no dudes en pedir ayuda profesional. Podemos ayudarte de muchas maneras, desde dudas puntuales hasta un tratamiento más personalizado. Queremos ayudarte a darte cuenta de que YA ERES UNA BUENA MADRE. ¡Contáctanos!

